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Para que nos hierva la sangre
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de septiembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

No puedo decir que me haya sorprendido cuando leí a principios de semana el informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas y la pobrísima calificación de Guatemala, porque salta a la vista que no hemos hecho absolutamente nada para mejorar y el nuevo enfoque que ha dado el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo al informe, con énfasis en la cuestión de la desigualdad entre los sectores más ricos y los sectores más pobres de la población. Y, por supuesto, así como aparecemos en los últimos lugares del Desarrollo Humano, estamos en los primeros en materia de inequidad.

Para quienes queremos a nuestro país y deseamos lo mejor para sus habitantes, este informe viene a hacer que nos hierva la sangre al notar que el país sigue sin hacer absolutamente nada para revertir los dramáticos resultados de anteriores informes y, por el contrario, en muchos campos vamos retrocediendo tristemente. No sólo tenemos escaso crecimiento económico, sino que dada la desigualdad en cuanto a los beneficios que el mismo produce, la gente pobre es cada vez más pobre y tiene menos esperanzas.

De acuerdo a la norma general, los guatemaltecos veremos este informe sin conmovernos ni, mucho menos, preocuparnos por hacer algo, aunque sólo sea exigir a las autoridades que hagan algo, que trabajen seriamente por encarar los agudos problemas sociales. Será mayor motivo de vergüenza y tristeza si hoy pierde la selección frente a los Estados Unidos que leer sobre nuestro fracaso como Estado y como sociedad. Honestamente hablando, importa un pepino en el país nuestra situación, porque resulta que quienes tienen poder para tomar decisiones están contentos con lo que tienen y lo que se benefician, mientras que el resto de la gente ha sido deliberadamente castrada a lo largo de muchos años de represión, para que acepten como inevitable su drama, su retraso y miseria.

Aquí quien hable de solidaridad, de esfuerzo por mejorar la situación de los más pobres y de redistribuir equitativamente la riqueza del país es visto como un bicho raro, un resabio del viejo socialismo que ha sido sepultado por la idolatría al mercado. Y entonces no queda más remedio que aceptar las cosas como son, rendirse ante la evidencia de que el país es propiedad de unos pocos y que el resto de la gente está para servir a sus intereses y para satisfacer sus necesidades y hasta caprichos. El aparato mismo del Estado está diligentemente puesto al servicio de los grandes intereses económicos y lo prueba el hecho de que para todo lo que es promoción de ese bien común que pregona nuestra Constitución, el Estado es inexistente, pero para promover y acumular privilegios para los mismos siempre está en primera fila.

No sé cómo alguien pueda sentirse orgulloso del país que hemos construido y menos aún sentirse orgullosos de ser virtualmente los dueños de esta vilipendiada nación. El informe del PNUD es un oprobio para Guatemala y para los guatemaltecos con influencia, porque es evidente nuestro absoluto fracaso como sociedad. Reconozco que muy pocos tendrán acceso al informe y mucho menos aún serán los que se sientan dolidos e indignados por ese patético y brutal resultado. Pero desde ahora digo que el informe es apenas reflejo de una realidad que no puede prolongarse por mucho tiempo y que nos va a estallar en la cara cuando menos lo esperemos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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