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La difícil dignificación del Congreso
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 16 de septiembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Existe un proyecto para mejorar la imagen del Congreso de la República que, por lo visto, está condenado al fracaso por la actitud de los mismos diputados que no parecen interesarse en mejorar su nivel de prestigio y siguen actuando con el más absoluto desprecio por la opinión pública. La denuncia del tráfico de influencias y de los sobornos mediante viajes con gastos pagados para diputados de distintas bancadas no hace sino incrementar el nivel de desprecio que la población tiene hacia los miembros del Organismo Legislativo y que se traduce, además, en desprecio y estigma para la actividad política misma.

El deterioro de todas las instituciones en Guatemala es patético y alarmante, porque en la medida en que se destruya la confianza pública, estamos exponiendo al país a la inestabilidad cuya consecuencia no va a ser sino el surgimiento de nuevas formas de autoritarismo. Hoy en día no existe ninguna institución en la que pueda tenerse fe y a la que se vea como orientadora para la construcción de un orden social que nos permita superar las dificultades. Ni en la esfera pública ni en la privada aparece el tipo de liderazgo que necesitamos para enderezar el rumbo del país y por ello el desprestigio que se agrava en el Congreso de la República tiene que ser visto como un retroceso de graves consecuencias.

Haber convertido al Poder Legislativo en una agencia de viajes para ir sobornando uno a uno a sus miembros a efecto de que se comprometan para la elección de la próxima junta directiva no sólo demuestra cuan corrupta es nuestra institucionalidad democrática, sino que además cuan baratos son nuestros políticos que se venden por verdaderos platos de lentejas. Es inaudito ver que diputados que ganan sueldos elevados y mucho más que decorosos, se vendan por un viaje para acompañar a la selección nacional de fútbol a un país caribeño, lo que demuestra que quienes nos representan son unos verdaderos pobres diablos.

Cuando me comentaron el interés que hay de patrocinar una campaña para mejorar la imagen del Congreso, les decía a los encargados de tal proyecto que esa aspiración sería imposible si no iba acompañada de acciones que demostraran un cambio profundo en el comportamiento de nuestros diputados. No sólo hace falta elevar el nivel del debate parlamentario tanto en el pleno como en las comisiones, sino que también es preciso que exista cuidado por el decoro que debiera ser requisito de las funciones públicas. En cambio, cuando vemos el proceder de algunos diputados que sin pudor alguno se evidencian como seres absolutamente indignos, el daño alcanza a toda la institución porque al fin y al cabo lo que llega al conocimiento del público es apenas la punta del iceberg y es de suponer que si con viajes se compra a unos cuantos poquiteros, habrá otros mecanismos para comprar a los más astutos y ambiciosos.

Nada se aprendió con aquella polémica depuración que se produjo después del serranazo, cuando el Congreso quedó en evidencia como un nido de corrupción. El sistema no cambió en absoluto y los honestos y competentes siguen siendo una minoría que, al fin y al cabo, se vuelven cómplices porque ni siquiera tienen la dignidad para marcar la diferencia entre ellos y la manada de sinvergüenzas que usan la curul para venderse al mejor postor.

Fuente: www.lahora.com.gt


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