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La secular indiferencia chapina
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 20 de septiembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Tal y como lo expuse ayer, era demasiado creer que habría una movilización social en Guatemala como resultado del problema del costo de vida. La manifestación convocada por los dirigentes de los llamados sectores populares fue un fracaso con una presencia verdaderamente raquítica, lo cual puede ser porque la gente no cree en esos dirigentes o, simplemente, porque así somos los guatemaltecos, conformistas y aguantadores. Yo creo que al pueblo se le tiene tomada la medida desde hace mucho tiempo y que pasará mucho más antes de que se presente uno de esos cíclicos aires con remolino que aparecen cada vez que San Juan baja el dedo.

No es de extrañar, dada esa actitud de la población, que sin ningún empacho se afirme que la solución para los problemas del país está en que los guatemaltecos “aprendan a ahorrar”, como si fuéramos un pueblo que anda derrochando sus recursos y dándose la gran vida. Cuando uno lee editoriales en los que se recomienda el ahorro como única solución, podría pensar que están escritos para pueblos que viven en la más absoluta opulencia. Escritos para esa minoría que lo posee todo y que, por lo tanto, puede y debe privarse de algo para salir de la crisis.

Pero no se le puede pedir que ahorre a quien no tiene ni para lo esencial; ¿Se le puede pedir que ahorre a una familia que no logra ni siquiera cubrir la canasta básica y cuyo ingreso mensual es tan magro que estadísticamente se les considera ya no en el umbral sino en el patio trasero de la pobreza? Tamaña insensatez sólo es posible en un país como el nuestro, porque precisamente el pueblo ha dado la pauta para que se le trate de esa manera. Por ello repito que aquí se le tomó la medida a la población y se sabe cuál es su actitud y cuáles pueden ser sus reacciones. De otra forma sería absurdo, torpe y peligroso que alguien tuviera la osadía de decirle a un pueblo muerto de hambre que la solución a sus problemas es sencilla, que basta con adquirir una cultura de ahorro para salir de la crisis.

Y resulta que en época de vacas flacas se le pide a la gente que fomente la cultura del ahorro, pero cuando ha habido época de vacas gordas para el país, que de hecho las ha habido y muy buenas, ese mismo pueblo que ahora tiene que ahorrar nunca percibió las ventajas porque no disponemos de un sistema tributario que sirva de compensador.

Yo en mi vida he visto barbaridades tremendas, pero supera la capacidad de asombro el darse cuenta de que la mejor propuesta que algunos tienen frente a esta crisis es la de pedirle al pueblo ya muerto de hambre que aprenda a ahorrar, que aprenda a sacrificarse. Desde mi cómoda poltrona por supuesto que puedo asumir algún sacrificio y puedo cambiar hábitos para reducir mis gastos, pero no veo cómo se le puede pedir lo mismo a un obrero cuyo salario ha perdido capacidad adquisitiva. Cómo se lo pedimos al campesino que apenas si logra subsistir.

Pero también hay que decir que todo pueblo tiene al gobierno, a la prensa y a la empresa que se merece. La sangre de horchata que circula por nuestras anquilosadas venas da licencia a cualquiera para que simplemente nos den portazo en las narices. Puede dormir tranquilo el Procurador de los Derechos Humanos porque en Guatemala nunca pasa nada y, lo más probable es que sí, que muchos piensen que la solución está en reducir la ración diaria de mierda porque de esa forma se ahorra lo suficiente.

Fuente: www.lahora.com.gt


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