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También debemos pensar en el mañana
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 11 de octubre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Creo que la solidaridad de los guatemaltecos en estos momentos de crisis es ejemplar y digna de encomio; miles de personas acuden a los centros de acopio a hacer sus donativos generosos para surtirlos de artículos de primera necesidad que, ojalá, lleguen rápidamente a las comunidades más necesitadas. Sin embargo, me preocupa el temperamento chapín, tan dado a ser llamarada de tusa y que dentro de una o dos semanas ya nadie piense en lo que ocurrió ni en el futuro de esos millares de guatemaltecos que sufrieron, por su condición de pobreza extrema, el impacto del desastre natural.

Reconstruir las comunidades afectadas es tarea inmensa que necesitará el concurso de todos y que debiera generar acciones de solidaridad manifestadas en el pago de impuestos extraordinarios para financiar la operación. Pero sinceramente hablando, creo que reconstruir no basta, porque de una u otra manera eso significa volver las cosas al estado en que se encontraban antes de que la tormenta se ensañara contra los poblados más pobres. Si vamos a pensar en función de Estado, es indispensable que hablemos de la promoción de un auténtico pacto social, basado en el impacto que nos ha provocado esta tragedia, para emprender un esfuerzo de gran envergadura para combatir la pobreza.

La solidaridad de hoy, manifestada en nuestros donativos por muy generosos que sean, no sirve sino para mitigar la parte candente de la desgracia de nuestro pueblo, pero tenemos que pensar que esos hermanos que hoy sufren y los que perdieron la vida, han estado sumidos en la miseria durante generaciones sin que nos conmovamos por su sufrimiento. No pretendo restar mérito a lo que estamos haciendo hoy, pero creo que puede quedar en una especie de catarsis superficial que nos ayude a descargar la conciencia pensando que ya ayudamos, cuando la verdad es que por mucho que aportemos, apenas estamos ofreciendo un granito de arena en el inmenso mar de necesidades de un pueblo cuya vulnerabilidad quedó de manifiesto ahora.

Siempre he dicho que para los guatemaltecos los problemas son apenas flor de un día; poco a poco vamos volviendo a la rutina y olvidando lo que nuestros ojos presenciaron.

Esas dramáticas escenas de niños corriendo para agarrar alguna de las bolsas de ayuda tiradas desde los helicópteros y el cuadro siniestro de la pobreza cubierta de lodo, pasarán a ser un recuerdo, si acaso, dentro de muy poco y cuando se hable de que tenemos que hacer un aporte extraordinario vía algún tributo, vendrán rechazos y oposiciones.

Creo que es momento de una ágil y dinámica política de Estado para pedir a los acreedores una condonación de la deuda, pero la misma tiene que ir acompañada de una decisión propia de contribuir más para enfrentar el problema estructural de la pobreza. No podemos pedir a nuestros acreedores que nos perdonen nuestras deudas si nosotros no estamos dispuestos a contribuir en mayor medida para atender lo que ahora hemos visto con dramática realidad.

Somos un país de agudos contrastes, de graves deficiencias económicas y sociales. Mientras unos pocos lo tenemos todo y vivimos como si fuéramos del primer mundo, muchos viven en tal pobreza que un temporal les quita hasta la vida. No podemos seguir con una sociedad tan dispar, tan injusta y tan indolente. Si hoy estamos conmovidos por lo que sufre la gente, que eso se traduzca en compromiso de largo plazo para combatir la pobreza y disminuir los riesgos en que viven los más vulnerables.

Fuente: www.lahora.com.gt - 101005


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