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El cambio climático nos hace más vulnerables
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 12 de octubre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

En los últimos años hemos visto un incremento en la cantidad de huracanes y ello genera una polémica entre los expertos sobre el impacto que tiene el cambio climático en ese tipo de fenómenos naturales. Sin embargo, cíclicamente hay un aumento en la cantidad de disturbios tropicales en el Atlántico del Norte que coincide con una reducción de los mismos en el Pacífico y por ello los especialistas dicen que globalmente no hay mayores diferencias porque el total de tormentas se mantiene en los mismos niveles.

Lo que indudablemente ha cambiado, y eso lo están aceptando hasta quienes se oponían a la ratificación del Protocolo de Kyoto por Estados Unidos, es la intensidad de los meteoros, puesto que el calentamiento de las aguas, especialmente en el Caribe y el Golfo de México, se convierte en combustible para fortalecer cualquier disturbio tropical.

Lo que no tiene precedente, dicen ahora los expertos en huracanes, es la sucesión de los mismos de gran fuerza y tamaño. En otras palabras, los huracanes de categoría 4 y 5 que hemos visto en los últimos dos años son producto de la elevada temperatura que hay en la aguas y por ello es que cada vez se tienen que enfrentar más destructivas tormentas.

Guatemala, en donde generalmente hemos temido a los terremotos, está ahora más expuesta a ese tipo de grandes huracanes que pueden causar enormes destrozos y la vulnerabilidad del país no está sólo en su ubicación geográfica y en que estamos expuestos a disturbios tanto del Pacífico como del Atlántico, sino que también en las condiciones de pobreza que colocan a la mayor parte de la población en situación de riesgo. Con el Mitch, los daños más severos se sintieron en el oriente del país y sus efectos fueron tremendos en materia de infraestructura, pero muy inferiores en pérdida de vidas humanas a los efectos del Stan que asoló el altiplano donde, según todos los estudios de desarrollo humano, está concentrada la población que vive en condiciones más precarias de todo el país.

Poco o nada podemos hacer para evitar el deterioro climático y los daños al medio ambiente que nos causan enorme perjuicio. Pero lo que no podemos es cruzarnos de brazos ante las condiciones de riesgo en que viven los guatemaltecos y esa tarea sí nos compete y corresponde. Tenemos que entender que el esfuerzo de reconstrucción que ahora se nos impone no es para volver a tener las cosas como estaban antes de la tormenta, sino para mejorar las condiciones y ello significa una inversión mucho más cuantiosa porque, en el fondo, se nos obliga a acelerar la lucha contra la pobreza. Siempre ha sido una obligación prioritaria, por muy postergada que la mantengamos, pero ahora debemos entender que se trata de una cuestión de vida o muerte, literalmente hablando. Stan nos puso de manifiesto cuán grave es la situación existente en el país y está bien que ahora nos volquemos en la ayuda de emergencia porque es indispensable y absolutamente necesaria, pero eso no nos debe adormecer la conciencia para creer que ya cumplimos.

Más barato que estar cada año enfrentando los efectos mortales de la naturaleza será invertir en crear condiciones de vida dignas y seguras para los guatemaltecos. Ese es el reto que nos plantea un cambio climático que no irá sino para peor.

Fuente: www.lahora.com.gt - 111005


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