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Poderosa influencia de la religión
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 29 de octubre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Desde hace mucho tiempo la ultraderecha religiosa de Estados Unidos ha ejercido enorme influencia en las decisiones políticas tanto electoralmente hablando como en cuanto a la actividad propia de la administración pública. El surgimiento de los movimientos fundamentalistas que tienen resonancia en nuestros países con la propagación de iglesias protestantes de nuevo cuño que giran alrededor de conocidas figuras del teleevangelismo, ha sido crucial para marcar el rumbo de la política norteamericana en los últimos años y casi todos los comentaristas coinciden en que la administración actual es la más comprometida con las sectas dominantes de esa ultraderecha religiosa.

Pero el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, consideró a esa ultraderecha como su base y capital político, pensando que en su papel de un líder confiable de los llamados “cristianos renacidos” disponía de una especie de cheque en blanco que, sumado al papel que asumió como abanderado de la lucha contra toda muestra diabólica (léase Saddam Hussein, entre otros), le daría mano libre para hacer lo que quisiera, inclusive nombrar para la Corte Suprema de Justicia a una amiga suya sin otra calificación digna de mérito que la de ser una católica renegada que pasó a formar parte de esas sectas fundamentalistas de las que hemos venido hablando.

Los hechos, al final de cuentas, han venido a demostrar que la ultraderecha religiosa no le pertenece a Bush sino que, en todo caso, Bush les pertenece a los líderes de esa tendencia. El reculón que tuvo que dar el mandatario en su intención de nombrar a su abogada personal como Juez de la Corte Suprema de Justicia demuestra que si algún capital político tenía para gastar luego de su reelección, como él lo afirmó en noviembre del año pasado, lo terminó malgastando más rápido de lo que él y cualquiera pudo pensar.

Cuando uno ve el papel y la personalidad de dirigentes como Tom DeLay, destacado moralista de esa ultraderecha religiosa, no puede sino pensar en casos como los de Serrano y Ríos Montt, en los que se observa tanta diferencia entre la prédica y la práctica que no puede uno sino impresionarse por los niveles de hipocresía que se generan en esas actitudes radicales, fanáticas y fundamentalistas.

Por supuesto que la ultraderecha religiosa también tiene sus expresiones dentro de la Iglesia Católica y las mismas son visibles en tanto gesto de igual hipocresía que se manifiesta en contradicciones tan marcadas como la de pregonar una intransigente defensa de la vida del no nacido y una igualmente intransigente prédica a favor de la pena de muerte. Pero es en el protestantismo norteamericano donde ha encontrado una veta política indudable y totalmente orgánica, al punto de que obligaron al Presidente a retroceder en cuanto a la nominación para llenar la vacante en la Corte Suprema de Justicia.

Y si alguna duda había de quién tiene las riendas y quién ejerce el poder político, ahora quedó claro que W. Bush no es el líder, sino que, en todo caso, es un instrumento de esa fanática visión del mundo que ha llegado a provocar divisiones tan brutales.

Fuente: www.lahora.com.gt - 281005


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