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No basta con irla pasando
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 2 de noviembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Hoy, al cumplirse sesenta y un años desde que La Hora volvió a circular en Guatemala en la que sería su cuarta y definitiva época, no podemos dejar de pensar en el país que se ha ido construyendo a lo largo de estas décadas y lo que nos falta por hacer para que la sociedad guatemalteca sea más incluyente y pujante. En los últimos años es evidente que como país nos hemos conformado con irla pasando, con subsistir medianamente, sin realizar ningún esfuerzo por introducir cambios que nos permitan vislumbrar un futuro promisorio. De hecho, cada día son más los guatemaltecos que emigran frustrados por la falta de oportunidades en el territorio nacional y hemos llegado a un punto en el que dependemos de las remesas que envían a sus familiares aquellos guatemaltecos que han logrado establecerse, generalmente en forma ilegal, en los Estados Unidos.

En 1944, cuando volvió del exilio Clemente Marroquín Rojas, encontró en plena ebullición a un país que había puesto fin a una dictadura que inmovilizó socialmente al país durante largos 14 años. Eran tiempos de cambio y de participación de ciudadanos de casi todos los estratos sociales, con la marcada excepción de la población indígena, en busca de la modernización de un Estado que tenía características feudales y que carecía de instituciones democráticas que promovieran el desarrollo mediante la participación de los ciudadanos.

Los cambios fueron profundos y el país se pudo actualizar en comparación con la mayoría de naciones del continente americano; se empezó a promover un desarrollo capitalista que daba importancia al desarrollo social mediante la inversión en el recurso humano y que privilegiaba la labor del Estado como promotor del bien común. De esa cuenta surgieron instituciones como las escuelas tipo Federación, se dotó de autonomía a la Universidad de San Carlos, se creó el Seguro Social y fueron aprobadas las leyes que establecieron una tutela especial para el derecho de los trabajadores. Todo ello era impensable en tiempos de la dictadura y la comparación entre la Guatemala manejada autoritariamente por Ubico y la que surgió luego del movimiento de Octubre del 44 es marcada.

No es cuestión de nostalgia el recordar esos años de cambio pujante sino cuestión de recordar la historia para encontrar en ella puntos de apoyo para buscar un renacer de ese sentimiento que involucró a tantos ciudadanos en el esfuerzo por construir una Patria diferente. Hoy en día no vemos empeño similar en casi ningún campo de la vida nacional y no sólo nos hemos conformado con irla pasando como bien nos va, sino que es evidente que hay un deterioro en el área social. Cierto es que tenemos una Guatemala que parece pujante y que ofrece rasgos de modernidad, pero la misma alcanza a muy pocos de los habitantes, mientras que la mayoría está al margen de esos beneficios y avances propios de este siglo y siguen viviendo en condiciones que pueden considerarse como infrahumanas. Para quienes no han querido ver esa realidad, un huracán como el que nos asoló recientemente vino a evidenciar las enormes carencias que hay en el país y lo mucho que hay por hacer.

En sesenta años hemos construido un país con enormes brechas, con diferencias abismales entre los pocos que tenemos de todo y los muchos que no tienen nada. Y estos aniversarios lo hacen a uno pensar sobre lo que ha ocurrido en tan largo lapso y el balance no es agradable. Queda mucho por hacer y nuestra función es seguir haciendo conciencia que tenemos un país que no ofrece perspectivas de futuro y en el que tenemos que promover cambios de fondo, para combatir tanta inequidad y ampliar las oportunidades para todos los guatemaltecos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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