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A la pura mano de Dios
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 11 de noviembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Ya no existen muchos calificativos para referirse a la situación de inseguridad que afecta a la población por el incremento del crimen organizado, de las pandillas juveniles y, sobre todo, por la ausencia de autoridad competente para cumplir con el objetivo principal del Estado que es el de garantizar a la población la vida y el disfrute de sus bienes. Los esfuerzos que se hacen por el lado de la fuerza pública producen muy escasos resultados porque, en honor a la verdad, hay que reconocer que se trata de una crisis de enormes dimensiones que rebasó por completo la capacidad institucional y la ausencia de coordinación hace que cada uno de los esfuerzos parezca inútil.

El colmo de los colmos es la decisión del Director General de la Policía Nacional Civil de retirar a la fuerza pública de aquellos municipios donde sus agentes han sufrido ataques de los pobladores, porque demuestra que lejos de que exista intención de afianzar el estado de derecho y garantizar el cumplimiento de la ley, lo que tenemos es una disposición a ir reduciendo cada vez más la ya casi imperceptible presencia del Estado. Lo mismo pasa con el sistema de presidios, puesto que se anuncia el cierre de una cárcel por falta de personal para la vigilancia, lo que nos confirma que si algo es absolutamente cierto es que el nuestro es un Estado fallido que cada día retrocede aún más.

Quienes durante años han venido realizando la tenaz campaña contra el Estado, pregonando la necesidad de reducirlo a su mínima expresión en nombre de un liberalismo que pretende ser moderno y que tiene mucho de trasnochado, tendrían que evaluar el resultado de su dogmatismo ideológico, porque lo que hoy vemos, con la ausencia de instituciones hasta para cumplir con el objetivo irrenunciable de garantizar la seguridad de los habitantes, es producto de esa torpe y sistemática reducción de un Estado al que se le niegan hasta los recursos para cumplir con fines esenciales.

Entre lo que le han robado políticos inescrupulosos, lo que se evade de impuestos y la resistencia a cumplir con nuevas obligaciones fiscales, lo que hemos ido produciendo entre todos es ese conjunto de entidades inútiles que no son capaces de cumplir con sus propios fines. Tenemos una policía que sale huyendo y abandona a la población ante cualquier ataque. Un Ministerio Público que no es capaz de perseguir a los delincuentes y que ni procesa a los líderes de las turbas ni es capaz de entrar a las cárceles para investigar los crímenes que allí se cometen con toda impunidad. Y, por si fuera poco, un Organismo Judicial que pide a gritos recursos para cumplir con sus obligaciones sin que se ponga atención a su demanda; tanto así que los sindicalistas en respaldo a sus autoridades amenazan con iniciar paros si no se les proporcionan más fondos.

El fracaso del Estado tiene mucho que ver con esa irresponsable prédica de su reducción que no puso atención a que la vida en sociedad requiere de la existencia de un Estado capaz de cumplir con fines específicos. Fue tan radical y dogmática la propuesta que se llevaron entre las patas hasta a las entidades que habían funcionado para asegurarles a esos teóricos su bienestar y seguridad. Lo que hoy sufrimos todos y también sufren esos liberales trasnochados que no tienen nada de neo, es producto de la torpeza al no entender que un Estado fuerte es sinónimo de paz y prosperidad.

Fuente: www.lahora.com.gt


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