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Más allá del voto de los dirigentes deportivos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 10 de noviembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Está por culminar el proceso de elecciones en el deporte federado del país y en el Comité Olímpico Guatemalteco y en medio de fuertes señalamientos y campañas negras, los candidatos buscan afanosamente el voto de los otros dirigentes que son los electores en cuyas manos está el futuro de la organización deportiva del país. El tema adquiere importancia nacional no sólo por la importancia del deporte en la vida del país, o al menos la importancia que debiera tener y que aún no tiene, sino que por el hecho de que anualmente, por mandato constitucional, se tiene que situar un porcentaje del Presupuesto de la Nación para promoción y fomento del deporte.

Si se hace una simple evaluación costo - beneficio, tomando en cuenta los "logros" desde 1985 cuando la Constitución estableció el aporte constitucional, nos tenemos que preguntar a dónde ha ido a parar ese dinero, puesto que en honor a la verdad países con mucho menos recursos que el nuestro han logrado avances mucho más significativos. El problema está, en buena medida, que los encargados de administrar esos recursos son dirigentes que en teoría trabajan ad honórem y que, por lo tanto, no se sienten comprometidos con lo que es una verdadera rendición de cuentas porque, creen ellos, que le hacen un favor al país.

La verdad, y lo demuestra el tremendo interés que hay por ocupar los puestos de dirigencia dentro del deporte federado y olímpico, es que los beneficios y ventajas son enormes y el manejo de tanto dinero puede significar una oportunidad para mucha gente. Aunque sólo fuera en concepto de viajes con gastos pagados, es mucho lo que los dirigentes obtienen para beneficio personal y a cambio de ello es muy poco lo que el país termina obteniendo.

Como guatemaltecos tenemos que sentirnos profundamente interesados en lo que pase en las elecciones del deporte porque, al fin y al cabo, quienes triunfen tendrán en sus manos un jugoso presupuesto que es dinero del pueblo y que en las condiciones actuales no puede ser derrochado ni administrado con ligereza. Todos sabemos que la Contraloría de Cuentas, entidad llamada a la fiscalización de los fondos públicos, es una cacharpa inútil que si acaso sirve para perseguir a uno que otro tesorero de algún recóndito municipio del interior del país, pero que en las cuestiones de fondo no hacen absolutamente nada y que por ello la corrupción es generalizada en Guatemala. En el caso del deporte se han hecho denuncias gravísimas contra dirigentes de distintas federaciones y hasta de la Confederación, pero nunca se ha logrado deducir responsabilidades y vemos que los dirigentes se eternizan en los puestos y, si mucho, se van relevando entre sí para mantener una estructura que se vuelve intocable y a la que no logra entrar nadie que no sea de la rosca.

El tema es que son fondos públicos y que los mismos no son auditados como corresponde, por lo que se impone una especie de auditoría social, sabiendo que los electores son también parte del sistema y que, como en el Congreso, también en el deporte los votos se compran con prebendas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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