Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Sólo lo que iban a comer los pobres...
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 16 de noviembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Cada día que pasa se pierde la capacidad de asombro entre la población porque nuestros funcionarios tienen una desfachatez que supera cualquier parangón. Ayer un asesor del Viceministerio de Seguridad Alimentaria comunicó con satisfacción que los daños de Stan no van a tener impacto en el mercado porque "la mayoría de cosechas dañadas se destinarían al consumo familiar, por lo que no impactará negativamente en el mercado". Y como los damnificados de todos modos comen mierda, habría que agregar, el daño sufrido no tiene consecuencias.

La expresión puede sonar muy dura, pero es que ya estamos en un punto en el que la indignación por esa actitud de los servidores públicos tiene que pasar de castaño a oscuro. No puede sorprender que un asesor diga tamaña barrabasada, puesto que al fin y al cabo es congruente con la declaración del Presidente cuando dijo que la situación de las víctimas no era para tanto porque nuestra gente ya está acostumbrada. Cierto que nuestro pueblo vive con el agua al cuello y que un perjuicio más no tiene relevancia en medio de la magnitud de la pobreza y marginación, pero insistir tanto en minimizar el impacto de la tragedia, desde el punto de vista de quien no depende de las dañadas cosechas para subsistir, es terriblemente inhumano.

Si la pérdida de las cosechas que se destinarían al consumo familiar no impacta en el mercado es porque nuestra gente apenas si consume para subsistir. Porque teóricamente si esas personas pierden su fuente de alimento, tienen que recurrir al mercado para sustituir lo que producían y, de todos modos, habría un impacto global por ese incremento de la demanda producto de la pérdida de la producción. Al menos así lo tendría que entender cualquier asesor con dos dedos de frente, pero minimizar el impacto con una declaración tan groseramente absurda sólo se explica en el contexto del desprecio que los funcionarios expresan cotidianamente por la situación de los guatemaltecos.

La mayoría de los campesinos guatemaltecos viven de lo que siembran y por lo tanto el daño causado a esas cosechas destinadas al consumo familiar es mayúsculo y su impacto en la economía del país tendría que ser de grandes proporciones. Pero como no fueron dañados los agroindustriales ni sufrieron las empresas agrícolas de gran envergadura, para los funcionarios de este gobierno de megaproyectos y megaempresarios la cuestión no tiene ninguna relevancia.

Y ocurre que callar ante la desfachatez de los funcionarios del Gobierno que ignoran por completo la realidad social del país nos convierte en cómplices de ese abandono y descuido que está haciendo estragos en la población. Bueno ha sido que el Gobierno goce del beneficio de la duda y la comprensión de distintos sectores para que, sin presiones de la sociedad, trate de actuar en busca del bien común, pero cuando vemos que las cosas en el país siguen igual, que nada cambia y que el aparato gubernamental sigue siendo nada más un instrumento al servicio de unos pocos, no podemos sino indignarnos.

Sobre todo porque, como se decía ayer, se está preparando la tierra para que venga una masiva manifestación de repudio que nos terminará llevando a todos entre las patas. Seguirle apostando a que tenemos un pueblo paciente es un error porque está demostrado que cíclicamente, el guatemalteco hincha los faroles y actúa, aunque sea para caer en poco tiempo en otro prolongado letargo. Y ciertamente los funcionarios están abusando de la paciencia inexplicable de este pueblo que, cuando se agote, nos traerá sorpresas muy desagradables.

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.