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Otro motivo de vergüenza internacional
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 26 de noviembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Aunque ya el Gobierno está dando marcha atrás sobre las declaraciones del Vicepresidente, lo de vergüenza en materia de justicia es indiscutible. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) difundió un informe que constituye una causa de más vergüenza internacional, sobre todo si tenemos un mínimo de sentido común para entender lo que eso significa para el futuro de los habitantes del país.

En efecto, mientras que la CEPAL anuncia con satisfacción que en la región se ha incrementado en un 2.3 por ciento la inversión social, señala que Guatemala es uno de los países que menos dedican a ese rubro en todo el continente, superados sólo por Ecuador y Trinidad y Tobago. En Ecuador ya hemos visto las consecuencias de la falta de atención a los problemas sociales con las constantes revueltas y las poco alentadoras perspectivas políticas.

Es una vergüenza que en nuestro país sigamos con índices paupérrimos de inversión social pese a que uno tras otro, los informes sobre el Desarrollo Humano evidencian la grave condición en que vive un gran número de habitantes del país. La cacareada expansión económica que tendría que haber generado la falta de carga tributaria, porque según la teoría económica mientras menos impuestos se pagan mayor es la inversión privada, generación de empleo y por lo tanto de bienestar, no llega por ningún lado. Si la teoría fuera cierta, Guatemala tendría que ser el país de mayor crecimiento en América Latina porque es donde menos impuestos se pagan y tendría que ser el país de mayor bienestar porque tendríamos que estar nadando en la prosperidad generada por la generosa oferta de empleos.

Sin embargo, resulta que ya no sólo seguimos sin atender el déficit social, sino que lo estamos agravando porque cada año, con cada ejercicio presupuestario, se incrementan las carencias y necesidades de la población. El sistema económico ha sido una maravilla para unos pocos y una perdición para el creciente contingente de pobres que ni siquiera tiene derecho a optar a un salario más digno porque se le imponen cortapisas bajo el argumento de la productividad.

Si el vicepresidente Stein siente vergüenza por la falta de aplicación de la ley, mayor debiera ser su vergüenza por la ausencia de justicia reflejada en la falta de inversión social. Porque eso nos está condenando para el futuro y condenando a generaciones por venir a sufrir las mismas desgracias que ahora marcan a sus padres. Somos una patria que no ofrece oportunidades ni genera esperanza para los que tienen el infortunio de nacer en el segmento muy numeroso de los pobres de la tierra, como diría Fanón.

Por supuesto que uno nota la falta de justicia cuando ve que un delincuente sale libre por falta de pruebas; pero ¿será que no hay injusticia en ese niño que se muere porque el Estado no ha sido capaz de invertir ni siquiera en hacer letrinas? Es terriblemente injusto que un asesino escape de la cárcel o que un narcotraficante reciba una medida sustitutiva. Pero cuando uno piensa en los niños del campo que no tienen acceso a la educación y cuya precaria alimentación les provocará dificultades irrecuperables, hay que entender que esas desgracias en pleno siglo XXI son inaceptables y generadoras de una gran vergüenza.

Vergüenza que, por desgracia, no ruboriza a muchos guatemaltecos que ya se acostumbraron a que así es este país; injusto y excluyente. Un paraíso para unos pocos, mientras que los más andan viendo cómo emigran para sobrevivir o cómo se meten a una pandilla para no llevar la misma vida imposible de sus padres. Si me preguntan, yo siento peor vergüenza por esa falta de justicia que por la otra.

Fuente: www.lahora.com.gt


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