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El fracaso de la oposición venezolana
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de diciembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Los observadores internacionales que estuvieron en Venezuela para certificar las elecciones realizadas para renovar el Congreso, coinciden en que no hubo anomalías como las que había advertido la oposición como argumento para justificar su retiro de la contienda, lo que dejó a los partidarios de Chávez con el absoluto control del Congreso. La falta de oposición no es conveniente para ningún país en el sistema democrático, pero la irresponsabilidad de los opositores al retirarse de las elecciones es tan burda que los deja en un muy triste predicado.

El proceso político de Venezuela es importante y amerita un seguimiento en el resto de América Latina porque el llamado fenómeno Chávez tiene origen en la crisis de la institucionalidad del sistema de los partidos políticos tradicionales. Yo diría que Fujimori y Chávez son producto del terrible desencanto provocado por la llamada clase política en el continente y que la experiencia se puede repetir en muchos sitios. Y en contra de lo que mucha de la prensa sostiene, ojalá que si se repite el fenómeno sea mediante un Chávez que al menos actúa en función de los intereses de su gente y no de un Fujimori que hace mancuerna con los Montesinos para sojuzgar a su pueblo y agudizar la corrupción.

Por ello es que pocos países de América Latina pueden considerarse inmunes al surgimiento de figuras mesiánicas, no necesariamente populistas, que enarbolen banderas extrañas para atraer a multitudes que ya no pueden creer en la oferta de los dirigentes políticos. En Guatemala se habla mucho de que al fracaso de los militares en el ejercicio del poder le siguió el fracaso de los políticos y ahora el de los empresarios que hacen política. ¿Qué nos puede deparar el futuro si la oferta sigue siendo más de lo mismo? Nadie debiera sorprenderse que surja alguna figura que, como Fujimori primero y Chávez después, capitalizan el descontento de la población para mandar al diablo a los políticos y a los dirigentes que han fracasado estrepitosamente en medio de la ineficiencia y la corrupción.

Por supuesto que nadie puede asegurar que el remedio sea remedio y no una enfermedad mayor y ese es cabalmente el riesgo enorme que se corre. Por ello es que uno esperaría que los dirigentes políticos actuales asumieran posturas de madurez y patriotismo para entender que su burla a las aspiraciones populares será la causa fundamental de lo que puede ser un descalabro brutal.

Y cuando ocurran esas situaciones, veremos a nuestros empresarios y a nuestros políticos actuando como lo hacen sus pares en Venezuela, es decir, tratando de desprestigiar al sistema mediante la práctica de zafar bulto, sin entender que con ello no ponen en entredicho más que su propia capacidad y responsabilidad patriótica. Chávez puede tener los defectos que le quieren achacar, pero la legitimidad del mandato que obtuvo ahora es indiscutible y sus adversarios se quedaron sin ninguna forma de expresión como no sea la de la ilegitimidad y el complot que ya probaron sin éxito en los meses recientes.

Ojalá que viendo el panorama que se presenta no sólo en Venezuela sino en muchos países del Continente, surgiera un destello de responsabilidad entre nuestros políticos para actuar de forma distinta

Fuente: www.lahora.com.gt


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