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La percepción sobre los corruptos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 9 de diciembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Una encuesta de Transparencia Internacional demuestra que en Guatemala la mayoría de la gente tiene una brutal imagen del problema de la corrupción. El estudio fue realizado de junio a octubre de este año y en el mismo apenas un 9 por ciento considera que la corrupción disminuyó un poco y 2 por ciento que disminuyó mucho. Mientras tanto, 26% cree que se mantiene igual, 23% piensa que aumentó un poco y 38% considera que ha aumentado mucho.

Recordemos que obviamente el término de referencia tiene que ser el gobierno anterior, señalado por los medios como el más corrupto de la historia, lo que indica que la población está convencida de algo que los políticos no llegan a entender. Y es que no basta con señalar a los corruptos del pasado sino que hace falta legislar y cambiar los procedimientos administrativos para impedir nuevos actos de corrupción.

Esta semana me entrevistaba una colega para Inforpress y me preguntaba cuál era una diferencia notable entre La Hora y otros medios de comunicación y le dije que el enfoque del tema de la corrupción es posiblemente muy distinto, porque mientras otros creen que con ir publicando escándalo tras escándalo cumplen con su función, nosotros hemos venido insistiendo en que mientras no cambien los procedimientos vamos a seguir sufriendo ese cáncer que mina las posibilidades de desarrollo del país. Y lo más grave es que cuando la prensa asume el papel de único fiscalizador, empieza a formar parte del juego y se vuelve selectiva para hacer señalamientos.

Dura e implacable contra algunos, se vuelve tolerante con otros, dependiendo de sus simpatías o afiliaciones. Y eso es natural porque los periodistas somos seres humanos que, por más que hablemos de una objetividad a toda prueba, terminamos plasmando criterios subjetivos en la información que manejamos. Siempre pensé que las denuncias tan persistentes durante el gobierno de Portillo tendrían que servir para que una sociedad sensibilizada ante el tema de la corrupción demandara cambios profundos en el sistema administrativo nacional. Sin embargo, resulta que la sociedad se conformó con cambiar de caras pero no de procedimientos y tarde o temprano hemos de comprobar que esa percepción de la gente tiene fundamento.

El otro problema que hay respecto a la corrupción es que visualizamos ese fenómeno como vicio de los políticos y funcionarios públicos, porque se supone que sólo quienes manejan fondos públicos incurren en corrupción. La verdad es que la sociedad en su conjunto está minada por ese cáncer, porque se perdieron los valores éticos y tanto en el sector público como privado hay distintas formas de corrupción. Se corrompe el empresario que ofrece dinero o dádivas a los funcionarios y se corrompe el periodista que se pone a sueldo de algunos intereses para manipular las informaciones. En otras palabras, no es tema que afecte sólo a los políticos, como algunos piensan, sino que es mucho más profundo y sus raíces están en la desvalorización de la sociedad.

Claro está que es mucho más fácil pensar que la corrupción empezó con Portillo y terminó cuando entregó el mando, pero honestamente todos tenemos que reconocer que esas son puras babosadas. En este país desde tiempos inmemoriales se ha saqueado el erario público. Muchos de los grandes capitales “honestos” de hoy surgieron en tiempos de Barrios y en cada período de gobierno aparecen nuevos capitales que, a lo mejor, con el tiempo se “honran”. Y es que el país está hecho para eso y mientras no lo aceptemos y entendamos, seguirá siendo viña de corruptos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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