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El traspatio oculto por un muro
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 22 de diciembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

No ha bastado con que seamos vistos como el patio trasero (backyard) de los Estados Unidos sino que ahora resulta que aquellos hijos de inmigrantes que formaron esa potencia mundial, han decidido que el territorio norteamericano no es apto para los latinoamericanos que ellos llaman hispanos; mediante la construcción de un muro que recuerda al de Berlín, pretenden mantener alejados a quienes huyen de la miseria de sus propios pueblos en busca de la promesa de un sueño americano en el que se pueden concretar todos los anhelos.

Evidentemente los norteamericanos no entienden el sentido de la historia porque la construcción de ese muro puede evitar el paso de algunos de los inmigrantes ilegales, pero no detendrá toda la inmigración. Pero lo más grave es que el muro plantea la ruptura entre dos mundos y asegura el fortalecimiento del sentimiento antiyanqui que ha de polarizar al continente, haciendo mucho más populares las propuestas de Castro, Chávez, Morales y aquellos dirigentes capaces de interpretar ese sentimiento de repudio a un imperio ciego y prepotente.

Los latinos que llegan a Estados Unidos rara vez desplazan a un norteamericano de la fuerza de trabajo y generalmente se ocupan de los oficios que no quieren realizar los nativos de ese país. Es más, ni siquiera los latinos de segunda generación trabajan en esos oficios que han quedado relegados para los ilegales que terminan cumpliendo una vital función económica. Y si vemos que Estados Unidos es un crisol de razas y culturas, tenemos que ver una postura de profundo racismo en estas medidas que apuntan de manera directa contra la inmigración de los latinoamericanos que son, en muchos casos, víctimas de sistemas impuestos por Washington.

Veamos el caso de Guatemala y sus inmigrantes en Estados Unidos. En 1954 la CIA interrumpió un proceso político que pretendía la modernización de la economía sustentada en patrones de típico feudalismo para crear un capitalismo pujante. Un proceso que puede ser cuestionado pero cuyas posibilidades quedaron truncadas no por decisión de los guatemaltecos sino por determinación de los abogados de la Frutera que ocupaban los puestos de decisión en la administración Eisenhower. Decir que la pobreza y exclusión de hoy, así como la guerra y violencia de ayer, tuvieron su raíz en esa intervención norteamericana no es descabellado y por lo tanto hay una responsabilidad muy grande de Estados Unidos en la creación de un modelo económico de exclusión que niega oportunidades a los habitantes de este país. No es casual que seamos una de las mayores fuerzas de la inmigración porque el chapín no encuentra oportunidades en su propia tierra y cuando creyó que las podía tener, su esperanza fue truncada por los sulfatos y la “Liberación” de la CIA.

El apoyo a gobiernos “moderadamente autoritarios” que contuvieron al comunismo y apuntalaron ese sistema económico de exclusión es responsabilidad de Washington pero en vez de entender su papel y volcarse en ayuda para corregir los problemas que crearon, su insolente respuesta es un muro que nos recuerda que no sólo vivimos en el traspatio, sino que no somos vistos como iguales sino como seres inferiores, indignos de formar parte de ese crisol de razas y culturas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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