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Doce huevos en lugar de uvas
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 31 de diciembre de 2005
ocmarroq@lahora.com.gt

Dicen que los productores de uva de España tuvieron sobreproducción allá por 1909 y con ingenio promovieron lo que hoy es una costumbre en ese país, de comer doce uvas (una por cada campanada) a las 12 de la noche del Día de San Silvestre, el último del año. La creencia es que al observar esa práctica se tendrá buena suerte para los doce meses siguientes del año que se está iniciando.

Como los guatemaltecos no necesitamos suerte sino determinación, coraje y valor para sacudir a este país que no avanza ni a tragos ni a rempujones, yo creo que aquí deberíamos de comernos una docena de huevos a las doce de la noche, para ver si esa sobredosis de blanquillos se traduce en las hormonas que nos hacen falta para dejar de ser un pueblo medio nagüilón que de aguantador pasa a cobarde por su incapacidad para enfrentar los problemas que le aquejan.

Nuestra ancestral sangre de horchata nos obliga a languidecer en medio de un país que no ofrece futuro ni esperanza; un país que sobrevive por aquellos que tuvieron los faroles para irse a la chinilaria, bajo el amparo de un coyote, y cuyas remesas familiares son las que impiden que todo reviente, que la miseria se exacerbe y que la hambruna se apodere de las comunidades. De no ser por esos chapines que mes a mes envían a sus parientes en Guatemala parte del dinero que ganan, nuestra economía sería un verdadero desastre y posiblemente estaríamos ya viviendo bajo condiciones muy volátiles.

Pero como somos conformistas y confiamos en la suerte, preferiremos hartarnos de uvas en lugar de poner los huevos en donde corresponde. Vemos que el país se desmorona, que no hay en el horizonte una solución digna de tal nombre y, sin embargo, nos hemos de conformar con buscar a quien sea capaz de capitalizar el voto de castigo para sacar a quienes gobiernan, sin entender que el castigo al final será para el mismo pueblo que de tanto conformarse terminó hundido en una situación penosa.

No somos ni exigentes ni propositivos. Nos conformamos con poca cosa y por ello es que un discurso populista tiene el mismo efecto que una expresión vacía pero que parece bonachona. Si el país se hunde a ojos de todos y la vida misma es tan incierta en medio de una inseguridad que a todos espanta, simplemente agarramos otra uva, pensando que la suerte nos ha de acompañar para librarnos de todo mal. ¡Dios nos libre del mal pensamiento de recurrir a los huevos, porque no estamos hechos para eso!

Y quienes no conocen la tradición de las uvas, ahogan sus frustraciones y penas en esa explosión de pólvora que nos hace sentir muy machos al reventar petardos tan sonoros como para evitar que se oiga el crujido de las tripas vacías. Y, más aún, si hace falta algún ingrediente adicional para no ponernos serios ni preocuparnos por lo que estamos seguros de no poder resolver, para eso está el guaro que corre abundantemente en estos tiempos.

Doce uvas de esperanza en la suerte parecen valer más que doce huevos que llaman al trabajo, al sacrificio y a la entrega valerosa a causas nobles para sacar al país de un estancamiento que lo hace a uno sufrir cuando piensa en el futuro de sus hijos y sus nietos. Y obviamente serán muchos más los de las uvas, los cohetes o el guaro, pero si tan solo usted hace el esfuerzo de pensar que cada una de las doce uvas es un huevo, a lo mejor podemos cambiar Guatemala.

Fuente: www.lahora.com.gt


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