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Hay que tratar de sacar buen provecho
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 27 de enero de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Soy de los que piensan que los partidos políticos tienen que actuar y manifestarse en este momento frente a la crisis de confianza que sufre el sistema financiero nacional, porque al fin y al cabo para eso es que existen instituciones que tienen el objetivo de ser el canal de la participación ciudadana en el debate público sobre los temas de interés. En Guatemala no estamos acostumbrados a ese tipo de ejercicios porque los partidos no asumen su verdadero rol y se limitan a tratar de ser maquinarias electorales, en el mejor de los casos, para lograr algún triunfo en las urnas, pero sin acometer diariamente la función propia de un partido que tiene que manifestarse tanto si está en el poder como si es la oposición, para contribuir al debate nacional.

Sin embargo, es preciso que el abordaje que los partidos hagan de la crisis sea serio, maduro y propositivo, porque hay que sacar provecho de las experiencias sufridas en los últimos meses. Creo que está ampliamente demostrado que el mecanismo de control y supervisión de las operaciones financieras no está funcionando adecuadamente y ahora no importa tanto despellejar al Superintendente como corregir los procedimientos para que en el futuro no vuelva a ocurrir que bajo las barbas de la autoridad y utilizando no sólo los mismos logotipos sino hasta los mismos inmuebles, algunos banqueros cometan fraudes como el que se ha ido evidenciando en el Banco de Comercio y como el que ocurrió con Vipasa.

En los últimos días hemos visto que la mayor preocupación de los sectores es pasarle la factura al Superintendente y a la Presidenta del Banco de Guatemala; es posible que ambos tengan explicaciones que dar y hasta responsabilidades que asumir, pero lo que el país necesita es que todos, incluyendo desde luego a ambos funcionarios, revisemos lo ocurrido para adoptar medidas que impidan la repetición de tan ingratos negocios. Y eso es acaso lo que menos se nota ahora en el intenso manejo que se hace del tema, puesto que poca gente está pensando en mecanismos que hagan más eficiente la supervisión y el control. En parte porque en Guatemala se asentó como dogma que el Estado no tiene por qué meter la cuchara en esos asuntos y parte de la culpa de lo ocurrido la tienen quienes han pregonado la necesidad de suprimir la capacidad del Estado para actuar en estas circunstancias. O, mejor dicho, suprimir la capacidad de controlar y regular, pero aumentar la responsabilidad de tener que pagar los platos rotos por quienes desde la esfera privada se aprovechan de los fondos que el público les confía en sus instituciones.

Y es impresionante leer tanta paja que se escribe alrededor de este tema, sobre todo en lo que se refiere a que al final de cuentas el culpable de toda la situación es el cuentahabiente que no se tomó la molestia de averiguar si el banco era confiable. Pero Dios libre a cualquier persona que se atreva a cuestionar la honorabilidad y solvencia de alguno de los bancos porque será crucificado por esos mismos que ahora dicen que el público tiene la obligación de indagar sobre la salud financiera de las instituciones.

Yo creo que el Estado tiene que redoblar su capacidad de supervisión, control e investigación para prevenir casos como los que han provocado la crisis de confianza. Y que hacerlo es una obligación de cara a los intereses no sólo de los cuentahabientes, sino de cara a los intereses del país porque no podemos vivir en el mundo actual sin un eficiente y confiable sistema financiero que sea capaz de generar confianza entre la población.

Fuente: www.lahora.com.gt


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