Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

¿Se puede componer un Estado fallido?
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 1 de marzo de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Al día de hoy no creo que exista un guatemalteco que no entienda que vivimos en un Estado fallido, incapaz hasta en las cosas más básicas como sería otorgar seguridad a sus habitantes y aplicar la ley contra los responsables de crímenes graves. Si no somos capaces ni de eso, mucho menos podemos esperar que el Estado cumpla con otros de sus fines, lo que se evidencia cada día con la acumulación de problemas y, sobre todo, la falta de esperanza hacia el futuro.

El problema de Guatemala no está en elegir a un buen gobernante, porque llegue quien llegue, encontrará herramientas inútiles producto de ese Estado fallido que hoy nos reventó en la cara para terminar de convencer a quienes creían que era una exageración de los pesimistas tildar de esa forma nuestra realidad. Ni cambiando ministros ni cambiando al Presidente se resuelve el complejo problema de un Estado que no es que haya sido penetrado por el crimen organizado, sino que forma parte del crimen organizado porque resulta que sus agentes no sólo matan, sino que se roban la mercadería ilegal para colocarla en el mercado y abastecer a los carteles y grupos criminales.

La estructura misma del Estado colapsó y no tiene remedio, porque para corregir los más graves problemas hay que acudir a procedimientos controlados por grupos de poder político o económico que están absolutamente comprometidos y beneficiados con este colapso estatal. Ni siquiera tibias reformas al sistema electoral son posibles porque las mismas tendrían que ser aprobadas por los diputados al Congreso que no escapan a la cooptación que han sufrido las instituciones y, además, con tal de preservar sus privilegios mantendrán intacto el esquema actual.

Si repasamos la visión y actitud de los candidatos a presidente, veremos que todos van con la idea de seguir administrando una crisis que ya no se puede administrar. Nadie tiene una visión de cambio profundo, absoluto y radical, único camino para superar lo que ahora nos toca vivir. Elegir a cualquiera de ellos es garantizar más de lo mismo, entretener la nigua para que sigan mamando los mismos porque nadie hace una propuesta absolutamente revolucionaria que implique acabar con esa hegemonía que tienen los poderes paralelos. No lo pueden hacer y, aunque pudieran, no lo quieren hacer porque está visto que es más cómodo y lucrativo llegar al poder a acomodarse que jugarse el pellejo con actitudes que apunten a desmantelar esa estructura nefasta.

Los sucesos últimos han desnudado la absoluta incapacidad e inoperancia del Estado, rebasado de manera absoluta porque ya no se puede hablar siquiera de que ha sido penetrado por el crimen organizado, porque constituye la base principal de las organizaciones criminales existentes en el país. Hablar de una colombianización de Guatemala es hablar pajas, porque Colombia, con todo y sus problemas, nunca llegó a tener un estado fallido en la dimensión que lo tenemos nosotros.

Pero no es cosa de que sólo denunciemos y reconozcamos la grave crisis que hace ingobernable al país e inviable al Estado. Es cuestión de pensar qué hacer para componer al Estado fallido, para reestructurarlo y devolverle a Guatemala la posibilidad de salir de este hoyo con el que el del Barrio San Antonio parece babucha. El hoyo negro de la crisis del Estado nos reventó en la cara y se tragó la hipocresía de una sociedad que aparenta vivir como si nada, en medio de la anarquía y el caos alentados por los poderes que secuestraron hasta aniquilar a un Estado que podía haber sido débil y corrupto, pero que ahora es paradójicamente inexistente y corrupto.

Fuente: www.lahora.com.gt - 280207


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.