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Y así todavía quieren que confiemos
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 29 de abril de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Tenemos esa extraña tendencia a creer que la corrupción es un mal nuestro y que si entregamos el dinero a extranjeros para que nos lo administren las cosas pueden ir mejor. Al menos, esa es la paja que nos quieren dar desde el Gobierno cuando contratan a entidades como la Organización de Aviación Civil Internacional o la Organización Internacional para las Migraciones como ejecutoras de programas a realizarse con fondos del erario nacional.

Pero si alguna muestra hacía falta de que esas son puras babosadas, el caso de Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, debe servir para que abramos los ojos y entendamos que la picardía existe en todos lados y a todos los niveles. Wolfowitz es uno de los hombres de confianza de Bush, quien lo tuvo en importantes cargos y destacó como el número dos del Pentágono en tiempos de Donald Rumsfeld en el montaje de la invasión a Irak. Como premio a sus desvelos, Bush lo postuló para ocupar la vacante en la Presidencia del Banco Mundial y fue electo para ese importante cargo al que llegó afirmando que parte esencial de sus tareas sería combatir la corrupción en el mundo, entendiendo que esa podredumbre está minando a las democracias alrededor del planeta. Wolfowitz, un fanático anticomunista del pasado, no vaciló en decir que la corrupción era la peor amenaza mundial desde el comunismo.

Pero encumbrado a la posición de Presidente del Banco Mundial, Wolfowitz se enredó sentimentalmente con Shaha Ali Riza, funcionaria de la institución de nacionalidad británica. Y para malestar de la burocracia del Banco, que es como la de cualquier otra institución y por supuesto no guardó para nada el secreto, le aumentó el sueldo en una forma escandalosa a su amante. En otras palabras, el compromiso de Wolfowitz contra la corrupción se fue por un tubo debido a que pudo más su gusto por el arroz con tunco.

Si eso pasa al más alto nivel de una institución de la supuesta seriedad del Banco Mundial, con un funcionario que gana uno de los mejores sueldos del mundo y que pudo haberle dado los gustos que quisiera a su pareja sentimental sin echar mano de los fondos institucionales y a sabiendas de que el escándalo sería devastador, qué cree el lector que pasaría con funcionarios extranjeros que reciben dinero a manos llenas en un país descuidado que los usa cabalmente para evadir la fiscalización.

Si se contrata a alguien para que maneje el dinero público sin posibilidades de fiscalización, pues es natural que el que maneja el dinero se aproveche y haga tantos micos y pericos como quien le contrató. De esa cuenta una obra como el aeropuerto termina siendo doblemente cara, porque no sólo deja untados bolsillos de los funcionarios nacionales, sino que también de los extranjeros que se prestan para manejar el dinero de esa forma. No nos llamemos a engaño, porque la razón para buscar la participación de esas agencias es para evadir los controles y con ello estamos dando carta blanca para que también ellos hagan su cacha. Ni modo que iban a ser tan babosos de facilitar los trinquetes a otros sin obtener ningún beneficio. Por ello es que todo el tema del aeropuerto, como el del Pacur, apesta a Wolfowitz.

Y lo peor de todo es que haya tanta gente que se traga la patraña de que los extranjeros son honrados y que es mejor que ellos manejen nuestro pisto.

Fuente: www.lahora.com.gt - 280407


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