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Se apagó la voz de geranio
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 26 de junio de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Sin duda alguna Otto Raúl González fue una de las figuras más destacadas de las letras guatemaltecas y el exponente por excelencia de la generación del 40 que floreció en los años posteriores a la Revolución de Octubre que le permitió a Guatemala los diez años de primavera democrática del siglo pasado. Su poema Voz y Voto del Geranio fue una de las primeras expresiones de la poesía de compromiso social, de denuncia y de lo que luego se pudo llamar protesta, pero era, además, un escrito lleno de esperanza que contenía las ilusiones de aquellos que crecieron y se formaron pensando en la construcción de un orden social más justo, donde los seres humanos pudieran gozar de igual dignidad.

Recuerdo aún las muestras de excitación que caracterizaban a Alfonso Enrique Barrientos cada vez que venía su amigo Otto Raúl González y por él lo conocí aquí en la Redacción de La Hora. Me imagino cuánto debe haberle afectado la noticia de la muerte de este su viejo y querido amigo que, como él, integró y dio lustre a la generación del 40. Hace pocos días publicamos artículos muy interesantes escritos en México por nuestro colaborador Carlos Cáceres con motivo de la distinción que con todo mérito le hiciera la Universidad de San Carlos de Guatemala al otorgarle el Doctorado Honoris Causa que le hizo venir a su tierra por última vez. Los dos artículos del licenciado Carlos Cáceres son una franca y amena descripción de la prolífica producción de Otto Raúl en el transcurso de sus años como escritor dominando varios géneros de la literatura.

Somos poco dados a reconocer el mérito de nuestros grandes valores y pichicatos para el elogio, por lo que creo que es importante que ahora que se supo del sensible deceso de este escritor guatemalteco, las autoridades debieran de realizar actividades para recordar su obra y para fijar su imagen en el colectivo social. Se trata, sin duda alguna, de uno de los más altos valores de las letras nacionales y así como la Usac le hizo en vida ese reconocimiento que también honró a la misma Universidad de San Carlos, es preciso que el mundo académico se sume ahora a esfuerzos por destacar su obra.

Como bien dice Mario Cordero, nuestro jefe de Redacción y con formación cabalmente en letras, se trataba del literato vivo más destacado del país y su muerte deja un enorme vacío. Pero Otto Raúl fue, además, ejemplo y motivación para muchos de los jóvenes literatos guatemaltecos que han encontrado en su estilo y, sobre todo, en sus puntos de vista sobre la realidad de nuestra Guatemala, inspiración para crecer profesionalmente.

Hay mucha gente dedicada a la literatura y actualmente en Guatemala es rica la producción literaria en contraste con lo que ocurrió en tiempos recientes. En buena medida hay que reconocer que hubo dos generaciones que fueron puntales de la rica producción en letras del país y que tanto la de 1920, como la generación de 1940 enriquecieron el acervo cultural en forma muy marcada. Y dentro de esta última, la figura cimera fue y seguirá siendo la de Otto Raúl González cuya amplísima obra permite sentir su enorme calidad humana en todo el sentido de la palabra. La reedición de muchos de sus trabajos debiera ser un esfuerzo de las editoriales estatales del país para permitir a la juventud conocer esos valores que, al morir, corren el riesgo de desvanecerse si no perduran en la memoria de los vivos.

Fuente: www.lahora.com.gt - 250607


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