Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Convencido de que hace falta la CICIG
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 21 de julio de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Nadie puede negar que uno de los problemas más serios en Guatemala es la impunidad que ha prevalecido para favorecer a toda clase de criminales que se solazan en el país gracias a una serie de estructuras que lejos de promover el imperio de la ley, están hechas para apañar a los delincuentes. Y de hecho alienta toda clase de crímenes, desde los de corrupción hasta los más graves contra la vida misma. Delincuentes de cuello blanco y de otra naturaleza, todos pueden encontrar en la impunidad la cobertura que les evita tener que asumir su responsabilidad ante la ley.

No podemos seguir viviendo en un país en donde no hay respeto a la ley y donde carecemos de las estructuras para evitar la impunidad. Y como nuestras propias instituciones son inútiles para cumplir con sus funciones, la idea de la CICIG me parece conveniente a los intereses nacionales y por ello es que la he apoyado desde el principio, seguro de que no existe hoy en día ningún otro mecanismo que nos permita suponer que estamos haciendo algo en contra de la impunidad.

Las declaraciones ayer de un fiscal con relación a mi columna son una de las mejores pruebas de que el Ministerio Público no cumple con sus funciones y se empeña en apañar hechos que son delicados y que debieran forzar a serias investigaciones. Y en esas condiciones, la presencia de una Comisión Internacional que venga a ofrecer ayuda, investigando sin las ataduras de la estructura general tendida para alentar la impunidad en Guatemala, es algo que siempre pensé necesario, pero que ahora, a la luz de lo hechos, se me hace indispensable si es que los guatemaltecos en verdad queremos combatir esa lacra.

Puede haber gente que se oponga a la CICIG esgrimiendo razones vinculadas con nuestra soberanía y con el papel desempeñado por otras entidades extranjeras en las postrimerías del conflicto armado interno. Pero la alternativa ahora es depender únicamente de un Ministerio Público que ni siquiera puede distinguir el calibre de un arma porque no conoce los diferentes cascabillos. Y honestamente hablando, en esos casos ya no se puede pensar que sea pobre ignorancia, sino que se trata de contubernio porque es evidente que el esfuerzo está en solapar los hechos criminales. La estadística no miente con relación al pobre resultado de las investigaciones realizadas por nuestra Fiscalía en comparación con la cantidad de crímenes serios que se cometen en el país. Pero así como los banqueros pueden vivir tranquilos tras haberse apropiado del dinero de los ahorrantes, también los asesinos pueden confiar en que aun en casos de crímenes de lesa humanidad el aparato, la estructura y el sistema de la impunidad, permitirán que se salgan con la suya.

No es capricho personal el tema de CICIG, sino es un asunto de Estado, de hacer viable nuestra sociedad hacia el futuro porque ello sólo es posible en un marco de respeto y sometimiento a la ley. El tema de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala es crucial, desde mi punto de vista, porque vendrá a darnos la ayuda en donde más nos duele el zapato.

Ningún otro problema es tan serio porque ninguno tiene las consecuencias que tiene la impunidad. Un Estado incapaz de aplicar la ley es un Estado fallido y esa condición la tenemos que cambiar con tesón, empeño y dedicación. Podemos fracasar como país en muchas cosas, pero no podemos fallar en cuanto al necesario respeto a la Ley. En eso no hay medias tintas.

Fuente: www.lahora.com.gt - 200707


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.