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Las paradojas de la globalización
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 7 de agosto de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Es una realidad incuestionable que la globalización llegó al mundo y que lo hizo para quedarse, puesto que no se puede pensar ya en vivir aisladamente, con mentalidad aldeana, pensando que cuidando cada quien su propia milpa vamos a lograr resultados exitosos. Hay, sin embargo, serias paradojas en el tema de la globalización, puesto que quienes la pregonan en el campo económico no vacilan en señalar que de alguna manera significa si no el fin por lo menos una transformación del concepto de soberanías, puesto que no faltan los que creen que debe dejarse tal espacio y prioridad al mercado que hace absurdo pensar siquiera en fronteras con el concepto ancestral.

Y durante años escuchamos el concepto de que en aras de mejorar la economía había que abrir los mercados, renunciar a parte de nuestra vieja idea de una soberanía que no da de comer y que, a la hora de negociar tratados de comercio, se convierte en valladar que debemos salvar con una buena dosis de pragmatismo.

Sin embargo, los teóricos que pontifican sobre esa globalización en el campo económico, muestran aires de un rancio patrioterismo cuando se trata de que la globalización trascienda el campo económico. Dios libre a los que piensan en la justicia universalmente globalizada que permitiría a tribunales internacionales aplicar justicia en casos especiales de delitos de lesa humanidad. No digamos que las Naciones Unidas decidan dar su apoyo a un país para asesorarles en temas como el combate a la impunidad, porque esas se consideran afrentas graves contra una soberanía. Una cosa es vender la soberanía para hacer pisto y otra muy distinta para proteger derechos humanos, para combatir a quienes viven en la ilegalidad y cometen atrocidades para enriquecerse.

La calidad de la paradoja puede verse simplemente revisando cuál ha sido la postura de quienes en el debate de las negociaciones para establecer el tratado de libre comercio con los Estados Unidos nos exigían que sin chistar aceptáramos todas las posturas de Washington, a sabiendas de que afectaban intereses nacionales, y cuál es la postura ahora que simplemente se discutió si una comisión internacional podría brindar asesoría a nuestro Ministerio Público. Y llama a risa ver el contraste en los puntos de vista y la enorme diferencia de planteamientos sobre un mismo tema, lo que al final demuestra que vivimos en una era en la que una cosa es hablar de pisto, donde nadie piensa ni en dignidad, soberanía y decoro, y otra muy diferente cuando se habla de valores intangibles que pretenden, en el fondo, un fortalecimiento institucional del Estado.

El punto, al final, es cabalmente que los que pregonan que el mercado es la mamá de Tarzán no quieren por supuesto un Estado útil y competente. Si al fin y al cabo fueron los que sembraron la semilla del Estado fracasado que tenemos al predicar su reducción a la mínima expresión y convertir en dogma la satanización del Estado. Por supuesto que cuando la globalización apunta a generar condiciones de gobernabilidad y de un Estado capaz de aplicar la ley, siempre tienen que encontrar un pretexto para expresar su "objeción de conciencia".

Fuente: www.lahora.com.gt


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