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Nada espectacular, nada impresionante
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 30 de agosto de 2007
ocmarroq@lahora.com.gt

Si nos atenemos a la oferta electoral planteada por los candidatos a la presidencia, tenemos que decir que en el futuro del país no se vislumbra nada espectacular ni mucho menos algún cambio impresionante. Podrá decirse que nuestros políticos ya maduraron y aprendieron a no andar ofreciendo babosadas, pero la verdad es que en resumidas cuentas lo que se nos plantea para los próximos años es bastante de lo que hemos venido viviendo hasta ahora. En otras palabras, a juzgar por la oferta electoral, los guatemaltecos tenemos que coincidir en que es generalizada la creencia de que aquí todo funciona de manera aceptable y que, si acaso, hará falta un cambio de estilo en la gestión pública, pero no variaciones importantes en cuanto a las políticas de Estado.

No puede decirse que exista absoluta uniformidad ideológica, aunque las expresiones de izquierda han sido totalmente mediatizadas para dejar en el escenario propuestas que apuntan a continuar con los ajustes estructurales, eliminar la participación del Estado en la actividad económica y creer en la política del derrame, es decir, de alentar programas que hagan más rico al rico y que con ello, al derramarse el exceso de riqueza, el resto de la población pueda pellizcar algo de mejoría y acaso hasta algo de bienestar.

Si analizamos las propuestas de los candidatos vemos que existe gran similitud en todas ellas y nadie ha tenido "ocurrencias" que puedan despertar polémica o generen reacciones de los grupos dominantes en la sociedad. Ni la prensa ni el gran capital han encontrado elementos como para advertir que tal o cual candidato puedan constituir un peligro para este sistema que, por lo visto, es del agrado de los poderes más significativos del país. Y es que en general los guatemaltecos y no sólo esos sectores dominantes, parecemos conformes con lo que el destino nos ha deparado y no estamos en busca de ninguna aventura. El panorama, en ese sentido, es bastante predecible y existe una tendencia a conservar lo que tenemos sin sobresaltos, sin aspavientos que puedan parecer peligrosos y que, sobre todo, rompan con esa "armonía" que ha caracterizado la vida de nuestra sociedad en los últimos años.

Es tal la conformidad de la gente con el sistema que hasta los grupos de izquierda que fueron parte de la guerrilla han tenido que acomodar su discurso para no espantar a nadie y para no levantar más olas de la cuenta. Y aún así tienen que hacer grandes esfuerzos para subsistir, lo cual al final de cuentas dependerá no tanto de su rendimiento a nivel nacional que ya se puede dar por descontado, sino del acierto de haber escogido a un buen líder o lideresa departamental para amarrar la curul salvadora.

Nadie, ni siquiera los radicales de la izquierda, han merecido calificativos de populistas o demagogos, términos que han sido desterrados del lenguaje de los analistas políticos porque en Guatemala pareciera predominar la madurez, la serenidad, la decisión de continuar con las cosas como están. Sin duda hemos de ser un pueblo feliz, satisfecho y realizado, porque nuestra única elección será sobre el estilo del gobernante, pero no sobre variedad en programas.

Los políticos simplemente ofrecen lo que el pueblo les pide y nuestro pueblo es admirable por su conformidad y espíritu conservador. Es por ello que esta no es tierra de demagogos, ni de populistas ni de quienes se crean ingeniosos para hacer propuestas que puedan alterar la calma de una población satisfecha y de dirigentes que lo tienen todo bajo control.

Fuente: www.lahora.com.gt - 290807


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