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Son tan ciegos que sólo ven el efecto
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 21 de noviembre de 2007

Cuando uno ve las expresiones supuestamente resultado de un profundo análisis de la realidad de estos pueblos, como la que vino a hacer Aznar a Guatemala y las que hacen los predicadores del mercado que insisten en tildar de idiotas a los que no piensan como ellos, no puede sino darse cuenta que son tan incultos que no conocen siquiera la historia y por eso es que se otorgan la libertad de hablar tantas babosadas. Porque cuando ahora se nos advierte sobre ideas trasnochadas como el populismo, para usar las palabras que usó el español, habría que entender que históricamente el populismo es una reacción y no la causa. Es el efecto de la explotación abusiva, inmisericorde y egoísta que se hace en beneficio de unos pocos y desmedro de muchos que, hartos de ser víctimas de ese despojo inhumano, abrazan cualquier corriente que les proponga una reivindicación.

El marxismo como modelo económico está liquidado, pero como método para interpretar la historia sigue teniendo validez y hay que ver que a lo largo de la vida de la humanidad, toda acción provoca una reacción y esa especie de movimiento pendular que hay en los modelos económicos es parte de esa interpretación. La dialéctica no puede ser rechazada por dogma, como han rechazado toda forma de pensamiento que no se encuadre en la línea que sustentan los que pontifican sobre el mercado como el último y gran paradigma. Y en tal sentido, la tesis, antítesis y síntesis seguirán marcando el comportamiento del hombre en su eterna búsqueda no sólo de la verdad verdadera, sino del bienestar y la dignidad intrínseca a su calidad de ser humano.

Si vemos lo que ha ocurrido en América Latina con el surgimiento de esos modelos de neopopulismo, veremos que todos son consecuencia de los desmanes cometidos en las distintas sociedades por quienes en nombre del mercado se olvidaron del fin esencial de la vida en sociedad que es el bien común. Tras décadas de comportarse como el azadón, abriendo la brecha entre pobres y ricos porque el ajuste económico hizo que el rico se volviera más rico y el pobre perdiera los medios de compensación que le otorgaba el Estado con ciertas tarifas y protecciones, es natural que ahora tengamos una corriente contraria que va en serio contra ese mercado que el mismo Juan Pablo II, con todo y su indiscutible conservadurismo, tildó de inhumano y salvaje.

Hace cien años, cuando nuestros países estaban con economías feudales controladas por el capital extranjero que se había adueñado de bienes y servicios, vino la corriente de nacionalizaciones que luego fue combatida por los neoliberales que regresaron para volver a venderlo todo. Pero servicios en manos privadas y sin regulaciones ni un mercado digno de tal nombre, porque prevalece el mercantilismo y la explotación asegurada por la corrupción, se encarecen en forma desmedida y poco a poco los pueblos van perdiendo la paciencia al darse cuenta que el bienestar por derrame que pregonan como nuevo dogma nunca llega.

Si quieren entender los populismos, que no son trasnochados porque resultan de una realidad económica y social incuestionable, deben entender la realidad y volver los ojos a la historia. Siempre y en todo lugar, la miseria y la inequidad produce convulsiones sociales y variadas formas de populismo. Y mientras menos respeto hay por el ser humano, porque todo el respeto se lo lleva el mercado, más fuertes serán las expresiones no sólo populistas sino contrarias al nuevo imperialismo basado en la compra a precios de quemazón de los activos de estos países.

Fuente:www.lahora.com.gt - 201107


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