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Descarados y sinvergüenzas
Por Oscar Clemente Marroquín - Guatemala, 29 de noviembre de 2007

Mientras en Brasilia se daba a conocer el informe sobre Desarrollo Humano en el que Guatemala aparecía como el peor de los países de la América continental, los diputados al Congreso de la República por unanimidad aprobaban recetarse a sí mismos una indemnización para beneficio de los que no fueron reelectos y terminaron su período. La única reacción que puede uno tener es decirles que son políticos descarados y sinvergüenzas, sepultureros de la democracia porque cuando vemos la situación del país y el escaso desarrollo de sus habitantes, lo menos que uno podría esperar es que sus dirigentes estuvieran viendo cómo terminaban de ordeñar la vaca hasta la última gota para su propio beneficio.

Desafortunadamente la jugada estaba cantada y contra ella no hay recurso que valga porque aquí sí que todos se tapan con la misma chamarra. Hoy leía yo en algún diario que en el 2003 la Corte de Constitucionalidad dejó sin efecto el decreto 44-2003, pero en honor a la verdad hay que recordar que esa Corte, la tenebrosa corte del FRG, lo que hizo fue dejar sin efecto el decreto 56-2003 que establecía la tajante prohibición para que cualquier funcionario electo o nombrado para período determinado, pretendiera cobrar algún tipo de indemnización al vencerse ese período. Esa ley, aprobada por el Congreso el 16 de diciembre del año 2003, fue declarada inconstitucional porque usaron a un testaferro para interponer el recurso.

Y es que los magistrados de la Corte de Constitucionalidad se han beneficiado de esa indemnización desde el principio de la Corte y lo mismo han hecho los del TSE y de la Corte Suprema de Justicia. Posiblemente el mejor decreto emitido por el Congreso en el gobierno anterior haya sido ese que prohibía tal indemnización, pero lamentablemente su constitucionalidad fue juzgada por los magistrados de la CC que no estaban dispuestos a que les quitaran el privilegio de salir con una muy jugosa indemnización.

Ahora bien, yo pienso que en esto de las indemnizaciones, como no tenemos mecanismos de defensa legal porque literalmente todos usan la misma chamarra para beneficiarse, debiéramos actuar de forma tal que se sienta la resistencia civil. Siendo que somos un país tan pobre, tan miserable que ocupamos el último lugar de América continental en desarrollo humano, la sociedad debiera asumir acciones para repudiar lo que hacen sus políticos descarados y sinvergüenzas. La decisión de no pagar impuestos hasta que se deje sin efecto esa medida podría ser una salida adecuada y pueden encontrarse otras pero en última instancia si como ciudadanos no hacemos nada, si nos quedamos de brazos cruzados y nos contentamos con el desahogo de maltratar a los diputados y demás funcionarios que se roban de manera descarada el dinero del pueblo, somos en buena medida también culpables.

Lamentablemente como sociedad no sabemos reaccionar ni actuar y por eso se viven riendo de nosotros. Lo de ayer fue una burla a las necesidades de un pueblo que, está demostrado, no tiene ni para comer pues sus niños sufren de desnutrición crónica que les limitará el crecimiento físico e intelectual y los convertirá en lastre para al menos una generación. Pero no basta el desahogo de alegar, digo yo, sino debemos hacer sentir el repudio y que como pueblo no somos monigotes.

Fuente: www.lahora.com.gt - 281107


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