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El agua: recurso de la vida para la vida
Por Olmedo España - Guatemala, 28 de febrero de 2005
olmedovillarreal@hotmail.com

Los seres humanos, como la inmensa diversidad de animales, somos dependientes del agua. Requerimos cotidianamente ingerir cierta cantidad de este líquido vital. Somos seres "mojados" por dentro y por ello el agua es el vehículo sin el cual no es posible una serie de procesos metabólicos. Sin embargo, la práctica diaria demuestra todo lo contrario porque continuamos con una actitud irracional de contaminación de las aguas subterráneas por "residuos industriales, aguas negras con bacterias patógenas, detergentes, abonos agrícolas, insecticidas, filtraciones de los depósitos subterráneos de hidrocarburos y plomo y cadmio procedente de las tuberías", lo que demuestra el poco valor que le damos al agua como recurso de la vida para la vida.

Muy a nuestro pesar en nuestro país, la mayoría de la población no tiene acceso a un líquido en óptimas condiciones, además que se acrecienta por el hecho que una persona necesita de 20 litros al día de agua para asegurar la calidad de vida, marcado en una sociedad desigual en la que se da un alto consumo del agua en ciertos sectores privilegiados y escaso en las áreas marginales del casco urbano y del medio rural.

Siendo Guatemala un país de enormes recursos hídricos, supondríamos una mejor calidad de vida. Lo que realmente acontece es que la sociedad en su conjunto está empezando a padecer de un desequilibrio hídrico debido, entre otras causas, a la imperante agresividad de lucro, descuido y privatización del uso de este recurso natural. El declive de la calidad provoca profundas heridas en el desarrollo de la vida de una inmensa población, sin darnos cuenta que sería mucho más recomendable la prevención que la curación.

Ciertamente desde el Gobierno del FRG, al crearse el Ministerio de Ambiente, así como otras iniciativas anteriores, se inicia el montaje de una plataforma para atender los males del deterioro ambiental que provoca la insensatez humana. Es en esta línea de preocupación que ahora se presentan dos importantes proyectos; uno, la propuesta del Ejecutivo denominado la Política Nacional de Aguas y el otro, una Ley de Aguas a discutirse en el seno del Congreso de la República.

Entiendo que el marco de justificación de cada una de estas propuestas considera con seriedad que el agua de calidad incide en la buena salud pública. Así, se desprende que habrá de parte del Estado, acciones orientadas a atender adecuadamente una serie de aspectos esenciales como es la ejecución de obras para dotar a la población de agua potable, alcantarillados, auditoría sobre el uso y tratamiento de las aguas residuales, vigilancia, control y prevención de la contaminación de los mantos acuíferos, el uso intensivo de agroquímicos, los desechos industriales, procesos erosivos que provocan la sedimentación de los ríos y atención de las cuencas estratégicas que le permitan al país una reserva fundamental de sus recursos hídricos.

Cabalmente, uno de los editoriales de Siglo Veintiuno y los reportajes de Heidi Loarca sobre el tema, nos señalan del enorme reto que significa en "materia social y económica" la aprobación de una ley que regule el uso y acceso al agua. Nos parece que todo esto es de enorme importancia para la sociedad guatemalteca. De ahí que no sólo se deben plantear estas iniciativas, sino trascender del orden gubernamental al estatal, así como llevar a la práctica una estrategia de acción que permita, a mediano y largo plazo, crear una conciencia del valor del agua como vehículo central para la vida en general.

Lamentablemente somos testigos pasivos de la enorme contaminación que provoca el desagüe de las Vacas en el río Motagua que recorre el oriente del país y por el otro, el Michatoya que escurre la mugre del veneno que lleva entre sus aguas. Si lográramos únicamente como Estado y sociedad sanear estos viaductos de la muerte, las leyes indicadas tendrían su razón de ser. Contrariamente, serían palabras de papel.

Fuente: www.sigloxxi.com


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