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Solución de conflictos
Por Olmedo España - Guatemala, 28 de marzo de 2005
olmedovillarreal@hotmail.com

Cada sociedad o grupo social busca por diferentes maneras, el entendimiento auténtico en donde los sujetos asuman concientemente su propia ciudadanía haciendo partícipe sus intereses y necesidades. De ahí que el esfuerzo se orienta a lograr formas inteligentes de organizar la convivencia a través de la comunicación y el diálogo que permita alcanzar algunos acuerdos mínimos.

Al respecto, el pensamiento maya hace énfasis que al inicio del presente siglo cobra fuerza el reconocimiento de los valores ancestrales plasmados en la cultura de los pueblos indígenas. La existencia de estos pueblos constituye un testimonio vivo de la ineludible necesidad de reconocimiento a la diversidad, al respeto mutuo y la no violencia. Esto hace necesario el impulso de acciones que posibiliten acercarnos a las futuras generaciones, arrancando de raíz las conductas vinculadas a la destrucción y a las causas de la discriminación, la opresión y la injusticia.

En tal sentido, por ejemplo la educación intercultural debe trasmitir valores como la visión integral de la naturaleza, la comunidad y la familia. Impulsar prácticas cuyo sustento sean actitudes que sustenten la paz, fortaleciendo un ambiente de mayor tolerancia a las diferencias, así como respeto y confianza hacia el otro. Principios básicos para la resolución de conflictos en el hogar, en el aula y sobre todo en la vida cotidiana.

Desde esta perspectiva, padres, madres, maestros, patronos, trabajadores, gobernantes, religiosos, deben comprender que tanto los niños y los jóvenes pueden asumir una actitud natural en el aprendizaje de valores y principios morales, si de verdad se sienten motivados. Cada uno de ellos conseguirá alcanzar la confianza de sí mismos, en el momento que se les permita expresar sus opiniones, y escuchar la de los otros, generando una atmósfera que aleje el temor o la tensión.

La solución de conflictos es una práctica colectiva en la que el procedimiento lo constituye el esfuerzo coadyuvante que reconoce la legitimidad de los intereses, así como el compromiso de encontrar una solución que responda a las necesidades de todos. El trabajo en equipo es importante al tener que optar por una solución, dado que esto demanda un pacto de las partes en desavenencia. Se trata de perfeccionar capacidades y conceptos que les permita a las personas asumir la vía del acuerdo colectivo como expresión de los principios de la cultura de paz.

Esto se alcanza a través de la educación para aceptar e interiorizar formas que nos posibiliten una participación social que haga viable superar el individualismo y el poco interés manifiesto por los asuntos públicos orientados a construir identidades colectivas, o bien, a debilitar la confrontación y la violencia.

Es necesario entonces establecer y valorar prácticas que hagan real el debate mesurado acerca de nuestras visiones e interpretaciones sobre múltiples problemas. Esta manera de hablarnos y de entendernos, es una de las ventanas que fomentan la capacidad de diálogo y de acuerdos mínimos en la vida cotidiana.

Aceptar este tipo de prácticas, es lo que hace posible una cultura de paz como propósito de nuestras vidas. Tal pareciera que es justo comenzar a establecer nuevos modelos de relaciones basadas en la amistad y la confianza. O sea que la promoción de la paz debe darse en el marco del respeto a las personas, a las culturas, a la participación y compromiso político, religioso y filosófico. De alguna manera debemos de comprender que la convivencia humana es el resorte que nos hará crecer como sociedad y el eje central para resolver con afecto y racionalidad, la conflictividad que a diario se manifiesta en nuestra sociedad.

Fuente: www.sigloxxi.com


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