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Acerca del racismo cultural
Por Olmedo España - Guatemala, 4 de abril de 2005
olmedovillarreal@hotmail.com

Recientemente se llevó a cabo en Totonicapán, un Encuentro Nacional Indígena, donde se abordaron aspectos sustantivos para la vida de nuestro país. Uno de esos temas corresponde al Acuerdo Indígena. La tónica consistió en denunciar que gran parte de este documento aún no se hace realidad, a pesar de que mucha agua ha corrido bajo el puente, desde esa fecha hasta el actual momento.

Comparto la lucidez de la dirigencia indígena en el sentido de asumir una especie de pesadumbre, porque aún no hemos alcanzado la cúspide de lo que aspiramos. En todo este movimiento, se perfila lo que hemos venidososteniendo en otros artículos como el derecho a la utopía, que se convierte en el acicate de no abandonar posiciones ni, mucho menos, los valores que vertebran las luchas sociales.

Precisamente en este inicio de siglo y de milenio, somos testigos de las corrientes devastadoras de la humanidad, y de otras fuerzas que logran un equilibrio, enfrentando con sabiduría las mentes guerreristas e intolerantes. El fragor de nuestro drama nos ha enseñado que en un país como Guatemala, tejido por una diversidad de culturas, es necesario que el encuentro, la palabra y el respeto, se conviertan en las vías para modificar nuestra conducta ciudadana.

Por ello, nos produce preocupación observar que en el medio se asumen posiciones perversas en torno al tema del racismo. Cabalmente, en el libro Racismo y Discriminación, publicado el año de 2003 por Copredeh, autores como Jorge Solares y Gilberto Morales en su interesante estudio "Yo no soy racista, pero...", escudriñan el fondo de ese manejo aparencial e ideológico en nuestra sociedad, cuestión que hoy se evidencia con el juicio que se ventila acerca del racismo en los tribunales de justicia, o bien, el claro ejemplo del rechazo virulento que tuvo la afición guatemalteca al ser señalados como "indios", en el juego sostenido el año pasado contra la selección de Costa Rica.

Habrá que recordar que cargamos con los estereotipos armados por las mentes más lúcidas de la cultura occidental, desde Hegel, Marx, Engels, Hume, Voltaire, Bufón, Pauw, Gobineneau (padre del racismo moderno) Kant, quien señaló que los americanos son "una raza no bien formada todavía y por lo tanto, son incapaces de civilización". Abortar este sistema racional, convertido más tarde en ideología de dominación, le ha costado a la humanidad largos años de luchas y de entendimiento civilizatorio.

De ahí que no nos extrañe, que en nuestro país esté presente el racismo como una manifestación de discriminación en cada uno de los rincones de nuestra conciencia colectiva e individual. El racismo basado en el concepto de raza desde el punto de vista biológico, está en descrédito. Las diferencias físicas entre los seres humanos, no hacen a unos más inteligentes que otros. La pretensión discriminadora, no tiene nada que ver con la biología. Así, raza "es un conjunto de relaciones sociales que permite, a partir de rasgos que tienen una base biológica, ubicar a los individuos y a los grupos". Siendo el concepto de raza el fundamento del racismo, racista es "quien cree que algunos individuos son superiores o inferiores a los demás en razón de diferencias racializadas".

De acuerdo a lo dicho, nos enfrentamos desde un racismo enraizado en nuestro tejido social, a la discriminación étnica, en el que la lengua, la religión o las formas de vestirse, son aspectos no compartidos. Lo étnico, siendo enteramente social, se consolida mediante la socialización o asimilación de normas, valores y costumbres. Sin embargo, a pesar que la etnicidad es un atributo de los grupos sociales, en Guatemala sólo lo referimos a los indígenas y a los garífunas... O sea, estamos ante "un nuevo racismo" que utiliza argumentos culturales para discriminar sobre la base de la jerarquización de las culturas, valorando a unas como "superiores", y a otras como "inferiores".

Fuente: www.sigloxxi.com


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