Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

¿Pobreza o inequidad humana?
Por Olmedo España - Guatemala, 25 de abril de 2005
olmedovillarreal@hotmail.com

Las inmensas llanuras de desigualdades que se vierten como bocanadas de fuego en cada rincón de nuestra patria, son la vergonzosa realidad que imposibilita una manera de vivir con armonía. La desigualdad y la incertidumbre son los males que aquejan a Guatemala. Por ello, el excelente trabajo de Lesly Véliz, Axel Bonilla y apuntes de libreta de Édgar Arana, nos acerca a una de las regiones más depauperadas, que refleja sin tapujos ese dolor que se respira en cada una de las frases lacerantes escritas poéticamente por los periodistas mencionados.

"Las infecciones y la anemia se cuelan por las paredes de caña, disfrazadas de neblina y hambre. Las pulgas y zancudos beben su sangre, mientras las moscas anidan en sus pieles débiles y sin color". Es un texto de antología de la miseria en la que miles de personas logran abrir sus ojos bajo condiciones infrahumanas. Se manifiesta la realidad en donde existe un mínimo sociovital, traducido en insuficiente alimentación, vivienda paupérrima, precario cuidado de salud y poco acceso a la educación. Es un espacio donde se desnuda el dolor de los humillados hasta quebrar nuestra tranquilidad cristiana frente a la piel sufriente de la que no podemos hacernos oídos sordos, porque están allí, descritos unos seres anónimos en la historia que ni para la muerte cuentan.

Efectivamente como país padecemos de un profundo rezago social que se evidencia de manera tajante en las palabras que ha dicho Bressani: "Guatemala, después de Haití, es el país latinoamericano que tiene más niños con alto nivel de desnutrición". Vivimos un momento desalentador en el que crece la violencia en medio de una economía desarticulada, se vulneran las instituciones, no hay fuentes de trabajo, se expulsan seres humanos a otras latitudes, baja la calidad educativa, se da un ínfimo acceso a la salud, se destruyen los recursos naturales contaminando nuestro entorno, y nos hacinamos en cordones de miseria en una urbe que carcome nuestra pobre humanidad.

El estudio hecho por Siglo Veintiuno nos enseña dos cosas. Lo primero es el hecho de que un medio de comunicación cuando toma conciencia del papel que debe jugar en la sociedad como orientador de conciencias ciudadanas, lleva a cabo trabajos de trascendencia como el que hoy comentamos. Tal es la situación, que ha logrado que el Presidente reconozca, en su ignorancia, la existencia de personas muy pobres en el país. Segundo, evidencia con una riqueza de lenguaje el dolor de miles de hombres, mujeres, niños y niñas. Sin ánimo de ser reiterativo, sino de contribuir al logro de una sensibilidad humana que le preste más atención al flagelo de la pobreza, entiendo que la justicia social debería convertirse en uno de los ejes centrales del Estado.

Se trata de superar las amenazas que puedan romper nuestra endeble "cohesión social". Se debe tomar en cuenta que las desigualdades existentes generan descontentos, conflictos, altas tasas de criminalidad y anomia social, o sea, debilitamiento de la confianza en los políticos, la política y las instituciones gubernamentales.

Ya es tiempo de que se supere la demagogia que se esconde detrás de los discursos que juegan con la pobreza, entendiendo por ésta lo que el teólogo Gustavo Gutiérrez ha dicho así: "Ser pobre es pertenecer a un universo determinado, a un ámbito propio. Ser pobre es padecer de hambre, de enfermedad, de desprecio y, en última instancia, ser pobre es ser insignificante, es ser anónimo en la historia. Pero, ser pobre dice, es también una manera de sentir, una manera de pensar, una manera de orar y festejar con los amigos. De ahí que la lucha contra la pobreza signifique, por un lado, superar la arrogancia y la riqueza exacerbada, así como una apuesta por la solidaridad en la que se reconozca al otro en toda su dignidad humana. Es pensar y actuar en la solución de los problemas.

Construir, compartir y orientar con criterios más humanos. Es la apuesta por una manera de vivir y convivir.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.