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Derecho a la utopía
Por Olmedo España - Guatemala, 19 de septiembre de 2005
olmedovillarreal@hotmail.com

"¿Pero acaso ahora no podemos tener utopías?". Pareciera ser una pregunta desesperada en un mundo en donde aflora la angustia, escepticismo, pragmatismo, utilitarismo, desesperanza, destrucción, engaño y autoengaño.

Creer en la utopía es un derecho que no se le puede quitar a nadie. Ahí están los grandes ejemplos de la historia, cuando en momentos de profunda crisis surgieron proyectos de vida colectivos que salvaron del naufragio a la humanidad.

Y es que los habitantes del mundo en su totalidad, ahora más que nunca, nos atragantamos a través de los medios de comunicación de múltiples y variadas informaciones plagadas de expresiones dramáticas. Tal pareciera que estamos atrapados en un proceso que gira irreversiblemente hacia su propia destrucción. Esto ha conducido a grupos de religiosos a construir sus propios búnker y a extralimitar la fe en el más allá.

La utopía consiste en la salvación del alma. Ciertamente hoy día las únicas utopías son aquéllas que surgen en el seno mismo de las religiones con una visión que trasciende la vida en la tierra. Es la fe que conmueve a las personas para ligarse a un lugar etéreo donde las almas gozarán de la justicia y la felicidad.

Todo esto obedece al derecho del ser humano a construir sus propias utopías. Desecharlas significaría convertir a las sociedades en conjuntos sociales más frágiles y llenas de incertidumbre.

¿Cómo entonces construir nuestras propias utopías que articulen movimientos de seres humanos tras un ideal de vida digna? ¿Es posible que al margen de las religiones podamos superar las ansiedades y dejar de atormentarnos por cosas superfluas para construir utopías de carácter terrenal? ¿Podemos los guatemaltecos(as) encontrar las vías y formas para crear la utopía de una sociedad tolerante y equitativa? Alguien pensará que el tema de la utopía o bien el derecho a la utopía, pareciera ser una especie de escape a la cruda realidad de nuestro país, porque cotidianamente nos recetan fórmulas prácticas y operativas sin algo que trascienda la inmediatez. Tal pareciera que se ha perdido esa capacidad visionaria que tuvieron otras generaciones. Es un hecho que sin un proyecto de sociedad no habrá un futuro halagador para la ciudadanía en general.

Por ello nos debatimos circularmente en resolver el ahora y nada más. Giramos en torno a la solución de los problemas de un presente que se escapa como la espuma del mar. De ahí que el derecho a la utopía resulte ser una profunda necesidad para otear el camino que vamos a recorrer. Por ese camino tenemos que pasar todos(as) pequeños, grandes, negros, indios, blancos, ricos, pobres, menesterosos. Si en el camino nos atropellamos, seguramente nadie podrá llegar. Pensar el futuro, es pensar la mejor manera de caminar el sendero. Porque frente a una sociedad que se debate en la embriaguez del tener y no del ser, que sufre sin poseer conciencia de su propio sufrimiento, construir utopías resulta ser una de las alternativas a seguir, porque ellas nos permitirán aglutinarnos alrededor de ideales en busca del bienestar social.

La utopía es el hilo que enhebra la aguja para coser las esperanzas del futuro.

*Doctor en Filosofía

www.albedrio.org


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