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Plaza Magdalena: todo un símbolo a la entrada de Cobán
Por Pablo Sigüenza Ramírez - Guatemala, 30 de marzo de 2007

Dando una vistosa bienvenida a la entrada de la ciudad de Cobán Alta Verapaz se encuentra la Plaza Magdalena. Se trata de un complejo comercial con alrededor de 60 negocios y espacios de distracción en su interior. Lo más interesante del lugar es la estructura externa: una imponente construcción con forma de casco central de finca cafetalera alemana. No deja de llamar la atención lo agudo del mensaje que los dueños de la Plaza Magdalena dejaron plasmado en la estructura: le recuerda a la población del área urbana y a los miles de campesinos que llegan a la ciudad día a día, que el poder de la Alta Verapaz está ya definido, y está en manos del sector terrateniente esencialmente cafetalero.

La finca de café se constituyó en la unidad de producción fundamental en los últimos ciento cincuenta años en el país. A partir de las transformaciones liberales de finales del siglo XIX el cultivo de café determinó las relaciones sociales de producción y de convivencia en bastas áreas del territorio nacional, llegando a producir actitudes de servilismo al mero estilo de la época medieval en Europa. Dichas relaciones se viven en fincas de Alta Verapaz incluso en estos primeros años del siglo XXI.

Hace un par de años, cerca de la cabecera municipal de San Miguel Tucurú, tuve la ocasión de escuchar el testimonio de tres campesinos mayores de setenta años. Fue impactante escuchar la traducción del q’eq’chi que relataba como los señores nunca conocieron el pueblo de Tucurú ni ningún otro pueblo, más que la aldea en la que nacieron al interior de una finca de café. Los dueños terratenientes a través del pago de guardias armados, pero también a través de provocar deudas impagables, mantenían a miles de campesinos y campesinas en situación prácticamente de esclavitud.

Fue la lucha de las organizaciones campesinas y la organización de la comunidad lo que logró romper las cadenas que materialmente cerraban el paso en la finca. Aún así es probable que en muchas montañas, dominios latifundistas, existan otras comunidades que no conocen la sensación de salir de un territorio que otras personas han determinado como su único mundo posible y su único mundo necesario.

La desigual e injusta distribución de la tierra en Guatemala tiene varios perfiles: por un lado es el resultado de procesos históricos de despojo de tierras a las comunidades indígenas, por otro es uno de los problemas radicales generadores de condiciones de pobreza y exclusión claramente descritos en los, ya anualmente esperados, informes del desarrollo humano del PNUD, pero la cara más impactante del fenómeno es la de las niñas, los jóvenes, los hombres y mujeres que siguen siendo explotados en las fincas y terrenos dedicados a los monocultivos extensivos de exportación.

El discurso de los grandes empresarios y sus funcionarios es que la tierra ya no es un medio indispensable para el desarrollo en las áreas rurales, muy al estilo del discurso de la nueva ruralidad, sin embargo en la actualidad el capital nacional y transnacional ejercen una presión muy fuerte sobre las pocas tierras comunales que existen a fin de impulsar la producción extensiva de cultivos como la caña de azúcar, la palma africana, el maíz para la producción de etanol y biodiesel. Se produce nuevamente, en regiones fértiles como el Valle del Polochic, el desplazamiento y expulsión de comunidades indígenas a cambio de la expansión de la producción agroexportadora.

Indudablemente no es a través del actual gobierno ni del gobierno que será electo próximamente, que esta avanzada del capitalismo salvaje sobre nuestros recursos naturales y nuestros pueblos se detenga. Tampoco es con la actual conformación legislativa ni con los diputados que logren obtener más votos en septiembre, que se promoverá la ansiada y necesaria Ley de Reforma Agraria Integral. Las organizaciones sociales y populares, CNOC, Plataforma Agraria, CNP-Tierra entre otras, han trabajado en conjunto una propuesta de Ley de Desarrollo Rural orientada a apoyar directamente la pequeña economía indígena y campesina como sector económico y social fundamental para el país. Sería sensato que al menos esta propuesta fuera discutida en el Congreso y se adoptará, según la lógica legislativa actual, como una de esas esperadas leyes compensatoria que se prometieron al ratificar el Tratado de Libre Comercio con Estado Unidos.

De cualquier manera, claramente son los pueblos los que de forma espontánea al inicio, y organizadamente después, logren establecer un gobierno del pueblo y para el pueblo, que avance hacia la trasformación de las condiciones de desigualdad. Mientras tanto la Plaza Magdalena nos da la bienvenida a Cobán y nos invita a disfrutar una deliciosa taza de café y visitar el museo del grano en la casa de la “ilustre” familia Diesseldorf.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1172 - 290207


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