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Y el desarrollo, como de costumbre, puro rollo
Por Pablo Sigüenza Ramírez - Guatemala, 18 de abril de 2007

Desarrollo es un término que ha sido utilizado desde hace ya bastantes décadas con la intención de definir los niveles de vida adecuados para una población y establecer los procesos para alcanzar esos niveles. Conforme se ha ido utilizando, por parte de Estados y organismos internacionales, ha ido adquiriendo nuevos significados y nuevos apellidos; desde el clásico desarrollo económico, pasando por desarrollo incluyente, sostenible, hasta tipos como el desarrollo endógeno y desarrollo rural. Hasta el momento ninguno de estas modalidades de desarrollo ha cumplido con las expectativas creadas en el papel y en las necesidades palpables de la población, por ello ha existido, desde los estrategas de las Instituciones Financieras Internacionales, la necesidad de agregar nuevos elementos a las propuestas y nuevos títulos que mantengan viva la promesa desarrollista a millones de hombres y mujeres que siguen viviendo en condiciones de pobreza y pobreza extrema en todo el mundo.

Guatemala es un país que pertenece, según los centros de poder mundial, a los llamados países del Tercer Mundo por su posición en función del estado de desarrollo, por lo que no ha estado exenta de este debate ni de la ejecución de programas y propuestas con base en el entendimiento que, en tal o cual momento, se tiene de desarrollo. Es así como se han aplicado en distintas áreas del país los modelos de desarrollo según lo dictan las estrategias y las concepciones que de este se van teniendo.

Luego de la firma de los acuerdos de paz, se inicia un proceso de re planificación del modelo de desarrollo a nivel nacional, apresurado por la crisis parcial del modelo agro exportador debido a la caída de los precios internacionales del café. Esta reorientación del modelo estuvo determinada principalmente por las políticas emanadas desde el Consenso de Washington que potencian la avanzada del capital transnacional sobre nuestros territorios, en detrimento de los recursos naturales y de los trabajadores del campo y la ciudad.

Los sucesivos gobiernos guatemaltecos en los últimos cuatro lustros se adhirieron sin objetar en absoluto a las disposiciones neoliberales de ajuste estructural y apertura comercial. Para el caso del maíz amarillo, la reducción de aranceles ha significado el aumento en su importación desde Estados Unidos de manera aterradora. Para 1985 se importaban menos de 3 mil toneladas métricas de maíz amarillo mientras que diecisiete años después, en el 2002, la importación ascendió notablemente a casi 600 mil toneladas métricas.

Según estudio de la Coordinación de ONG y Cooperativas, CONGCOOP, en 1985 la cantidad importada de maíz correspondía al 0.2% de la producción nacional; hasta el año 2002 esta relación subió al 57%. De cada quintal de maíz amarillo que se consumía en el país, menos de media libra provenía del exterior, las 99 libras y media restantes, eran producidas por millones de campesinos y campesinas que en la actualidad han dejado de producir ante la imposibilidad de competir con los altos subsidios que el gobierno de Estados Unidos otorga a sus productores.

Uno de los señalamientos y críticas más contundentes para el gobierno de Oscar Berger es que se impulsó la negociación, firma y ratificación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos sin la existencia de un plan de desarrollo nacional incluyente que protegiera, ante el embate de la economía norteamericana, el aparato productivo del país. El caso del maíz amarillo demuestra que la apertura comercial implementada hasta antes de la ratificación del TLC había golpeado duramente el campo guatemalteco; con la implementación del Tratado se está dando el sablazo final a la producción nacional de granos básicos (arroz, maíz, sorgo, frijol). A través de un “modelo de desarrollo” patrocinado por los centros de poder mundial se condena a la población guatemalteca a la exclusión y la imposibilidad de producir sus propios alimentos, atentando contra la seguridad y soberanía alimentaria e incluso contra el derecho a la alimentación y la vida.

El Acuerdo de Libre Asociación entre Centro América y la Unión Europea, no vislumbra mejores horizontes. De nuevo se usa como anuncio publicitario la ayuda europea al esperado desarrollo, pero la verdadera intención es favorecer a las empresas transnacionales europeas, asegurando las enormes ganancias que la venta de servicios esenciales como las telecomunicaciones o la distribución de energía eléctrica les está generando actualmente.

Los colmillos aunque de diferente región están prestos para chuparnos hasta el alma. Y el desarrollo, como de costumbre, puro rollo .

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1181 - 170407


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