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Antítesis de la destrucción capitalista
Por Pablo Sigüenza Ramírez - Guatemala, 18 de mayo de 2007

En la técnica agronómica se utiliza con frecuencia el término maleza para referirse a cualquier planta que compite por la captación de nutrientes, agua, espacio y luz con la especie vegetal que figura como la especie de interés económico. Es un término de reprobación que justifica la eliminación de la planta indeseada. En palabras sencillas: “El interés económico justifica la destrucción de la naturaleza”. Esta máxima de la racionalidad capitalista se produce y reproduce en el diario accionar de las grandes empresas transnacionales en todo el mundo.

La idea de que la función principal del bien natural es lograr una mayor rentabilidad, proveniente de la teoría económica clásica, fundamento del mercantilismo, y el postulado neoliberal que pregona que los recursos naturales son un capital natural que permite alcanzar mayor desarrollo, son la basé filosófica sobre la que navegan los planes del capital para el saqueo de los recursos de la naturaleza, aún abundantes, en los países de África, Asía y América, sobre todo porque ese desarrollo se sigue entendiendo, principalmente, como crecimiento económico.

Existe en la actualidad una carrera salvaje, por parte de los poderes económicos mundiales, por garantizar que los reservorios de minerales, petróleo, agua y biodiversidad sean aprovechados por sus empresas.

Como antítesis de esta avanzada de codicia y odio contra la vida se encuentra la resistencia de los pueblos del mundo contra el saqueo neocolonialista y la defensa de su cultura que determina su relación con la naturaleza. En Guatemala, las consultas populares en contra de las represas y la extracción minera son una de las más recientes manifestaciones de esta resistencia histórica. Las comunidades no necesitaron de la ciencia occidental para saber que la conservación del bosque en las partes altas de la montaña garantizan el suministro de agua en las partes bajas de los cerros y en los valles. Las comunidades indígenas, a raíz de su concepción cosmogónica, no usaron términos como maleza o plaga para referirse a otras plantas, más bien encontraron la forma de potenciar unas especies con otras, ejemplo concreto es la constitución, con el uso de adecuadas prácticas ancestrales de cultivo, el complejo milpa (maíz, frijol y ayote asociados).

La racionalidad que acompaña la relación con la naturaleza de las comunidades no está determinada por la lógica de la acumulación. Cuenta una leyenda que en tiempos de la colonia un otrora príncipe letrado, en ese momento sirviente, comentaba a otros sirvientes indígenas en casa de encomendero español: “Al indio le basta para su sustento un cuartillo de maíz; al blanco no le basta un almud. Se debe esto a que el indio come y bendice su tranquilidad, mientas el blanco come y, desosegado, guarda todo lo que puede para mañana. El blanco no sabe que una jícara no lleva más que el agua que señalan sus bordes. La demás se derrama y se desperdicia”.

Frente a la alarma occidental causada por el calentamiento global como amenaza ya presente y sentida, las comunidades mantienen viva la esperanza de un planeta tierra que mantenga las condiciones necesarias para la vida del ser humano, alejándose de las ideas de la ecología como ciencia occidental que surge con la finalidad de entender las causas de la destrucción de los ecosistemas. Una posición contundente, con la que cerramos estas consideraciones, acerca de lo que la ecología genera y representa la expresa Roque Dalton en su poema: “sobre modernas ciencias aplicadas”.

La ecología es el eco
producido por el estruendo
con que el capitalismo destruye el mundo.


Pues, independientemente de lo que diga la universidad,
la ecología más que una ciencia es
un discreto velo, un ungüento lubricante y,
en el mejor de los casos,
una aspirina científico- técnica.


De su validez y eficacia puede decirse
que mientras la destrucción capitalista
siga produciendo ganancias a los dueños del mundo
y sea más importante que la conservación ambiental,
la única posibilidad de ser importante
que tiene la ecología
es seguir siendo un negocio.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1203 - 170507


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