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Cabeza Clara, Corazón Solidario y Puño Combativo
Por Pablo Sigüenza Ramírez - Guatemala, 8 de junio de 2007

Oscuridad. Cuatro treinta de la mañana. De pronto, se oyen carros acercándose. Una hora después quince familias asentadas en una finca de Alta Verapaz, han sido desalojadas de manera extrajudicial por un pelotón de seguridad privado, el cual ha quemado las cosechas y viviendas de la pequeña comunidad.

El número de familias afectadas varía, de caso en caso, en los más de cien desalojos suscitados contra comunidades campesinas durante el período de gobierno de la GANA; sin embargo, ordenados desde un juzgado o extrajudiciales, todos violan fragantemente varios derechos constitucionales e impactan de manera profunda en las subjetividades de niños, niñas, mujeres y hombres. Y es que los sentimientos y pensamientos que se producen durante y después de un desalojo violento marcan el comportamiento posterior de las comunidades. En general, las injusticias y la opresión han motivado a poblaciones enteras a movilizarse y organizarse a fin de contrarrestar estos hechos, luego de períodos prolongados de resistencia silenciosa.

Quizás uno de los casos de organización popular, que para Guatemala tiene mayor valor simbólico y testimonio de lucha, es el surgimiento y vida del Comité de Unidad Campesina. El 15 de abril de 1978 nace a luz pública. Entre algunos hechos relevantes de su trayectoria, la historia y memoria popular seguramente recuerda la participación de miembros del CUC en la ocupación de la Embajada de España en enero de 1980; la gran Huelga de la Zafra en 1980, en la que más de 80 mil campesinos paralizaron la industria del azúcar por más de 20 días; la conmemoración de los 500 años de la resistencia indígena, negra y popular en la que el Comité impulso el debate a nivel nacional; la participación del CUC en la conformación de otras entidades como CONAVIGUA, CONDEG y la Defensoría Maya.

A finales de mayo del presente año se celebró la Novena Asamblea Nacional Ordinaria del CUC. Son veintinueve años los que dividen a la organización de su fundación. En esa temporalidad el CUC, integrado por campesinos y campesinas, trabajadores del campo, indígenas, mestizos y ladinos pobres, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños de diversas culturas, ha tenido múltiples vivencias en su constante lucha por el derecho a la tierra y pago justo por el trabajo, en contra de la militarización y represión a las comunidades indígenas en el país.

Y es que el CUC, junto con otras organizaciones campesinas, no es sólo un cúmulo de personas organizadas, sino son la interacciones de miles y miles de vivencias y subjetividades. Son las voces unidas de pobladores y pobladoras cansadas de vivir y sentir día a día las injusticias del sistema en el que nacieron y sobreviven. Las discusiones realizadas en el marco de la reciente asamblea nacional del CUC pusieron de manifiesto las preocupaciones, anhelos y sueños de las y los asambleístas, representantes comunitarios y dirigentes locales, regionales y nacionales. El lema “Cabeza Clara, Corazón Solidario y Puño Combativo de las y los Trabajadores del Campo” se convirtió en vivencia permanente durante el evento.

Fueron de conocimiento generalizado las nuevas amenazas que los sectores de poder nacionales y extranjeros impulsan en los territorios rurales, se tiene presente que sólo la organización y la unidad de los sectores populares pueden hacerle frente a esta avanzada en contra de los pueblos y los recursos naturales. Y es precisamente allí donde se presenta el principal reto del CUC a corto y mediano plazo: las alianzas necesarias para impulsar una unidad de acción que mejore la correlación de fuerzas a favor de las organizaciones y personas que luchan en Guatemala por una sociedad y un mundo diferente.

De verdad alentador resulto encontrar en la Asamblea Nacional de CUC una diversidad de pensamientos, que a pesar de las diferencias compartían la necesidad y convicción de la lucha organizada. A ojo de buen cubero, podría decir que el 60 por ciento de asambleístas era menor de 30 años. La constitución del nuevo Comité Nacional del CUC, que incluye cuatro compañeras de distintas regiones del país, demuestra avances concretos en la compresión de que la lucha de la clase campesina y los pueblos indígenas no es verdadera si no se integran la lucha de los otros sectores excluidos secularmente (mujeres y jóvenes).

Los retos del movimiento campesino en general y del Comité en particular son enormes, pero enormes son también los corazones, las mentes y los puños de los compañeros y compañeras presentes en la IX Asamblea Nacional: cientos de vidas como muestra y concreción de la resistencia de los pueblos del mundo.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1217 - 070607


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