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De narices partidarias y otras narices
Por Pablo Sigüenza Ramírez - Guatemala, 3 de octubre de 2007

En los años 70’s y 80’s del siglo pasado la radicalización de la postura a favor de la lucha popular en las unidades académicas de la Universidad de San Carlos llevó a una tendencia, en los espacios de enseñanza de las ciencias sociales, a adoptar el enfoque del materialismo para la realización de estudios y tesis. Veinte años después se pueden analizar muchas de estos trabajos académicos y se encontrará, en no pocos de ellos, el uso de categorías marxistas pero una práctica de investigación más cercana a las corrientes del pensamiento social burgués.

El materialismo dialéctico como filosofía y cosmovisión continúa siendo crucial para comprender que la lucha de contrarios sigue siendo el motor de la historia: clase, género y etnia, por ejemplo. La tergiversación de este método filosófico en un uso dogmático del materialismo histórico ha tenido graves consecuencias para el avance de las luchas populares. El proceso de entender la realidad para poder transformarla es vital para los grupos y personas auto considerados de izquierda.

Para los llamados partidos de izquierda revolucionaria en Guatemala, es necesario hacer un alto en el camino para asumir que, al interior de sus estructuras, las herramientas de pensamiento crítico son limitadas en calidad y manejo colectivo. La manoseada y malentendida autocrítica no es un ejercicio que debiera hacerse luego de asistir a la desastrosa pero anunciada derrota en las urnas. Es una práctica diaria de cada militante pero también una práctica constante de los órganos de acción y dirección. En el caso concreto de URNG y ANN, quedan registrados a los largo de los cuatro años previos al 9 de septiembre de 2007, voces internas de varios sectores que cuestionaron acertadamente las decisiones, muchas veces impuestas, de las dirigencias. Grupos de jóvenes, indígenas, mujeres, campesinos plantearon por un lado, la exclusión en los espacios de dirección y decisión, pero por otro advirtieron sobre los errores en los temas de alianzas partidarias, orientación electorera de los partidos, falta de atención política a las bases, falta de claridad y contundencia política en el accionar de las bancadas legislativas por pequeñas que estas fueran.

¡Quien no oye consejos, no llega a viejo!, dice constantemente mi abuela. Parece ser que la dirigencia de los dos partidos se hizo cuatro años más vieja y no escuchó consejos o escuchó los consejos equivocados. La primera excusa que se presenta ante los resultados de las recientes elecciones es que la derecha guatemalteca fraguó un plan para invisibilizar y destruir a la izquierda revolucionaria. Un análisis científico de la realidad pero incluso el uso dogmático del enfoque de lucha de clases pudo prever ese “funesto” plan de la derecha. Una estrategia revolucionaria debiera tener eso por sentado. No puede usarlo como excusa.

Una visión científica del momento actual no debiera dar cabida tampoco a los sendos comunicados que cada uno de los dos partidos ha hecho circular. El aire triunfalista de ambos comunicados denota la poca perspectiva de cambio que se esperaría luego del proceso de evaluación postelectoral. Hay varios grupos dentro de ambos partidos, y fuera de ellos, que están debatiendo acerca de los nuevos escenarios. El anhelo de la mayoría es que podamos vernos las caras sin llegar con falsas pretensiones triunfalistas, tampoco se pretende ver llegar a alguien con la cola entre las piernas. Pero si se pretende comunicarnos y accionar con sentido de solidaridad y ética revolucionaria. En este sentido también hay que señalar y autoreconocer la responsabilidad de los que desde un escritorio se sentaron a ver como el proceso se estrelló en sus narices o, según la perspectiva que el escritorio permite, en las narices de los otros. El debate claro y honesto desde las letras y la academia es necesario, pero ojo, porque esos aportes ganan legitimidad en las calles, en la práctica política y acompañando la resistencia popular. Poco se logra platicando en hoteles de la zona 10 o publicando a través del Internet. No es vana filosofía el planteamiento, que hace la ciencia, de la también mal entendida y olvidada praxis revolucionaria.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1300


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