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Dime de qué escribes y te diré quien eres
Por Quintus - Guatemala, 5 de julio de 2005

En el caso de Prensa Libre, para nadie es un secreto que trabajan para sus anunciantes, cuyos intereses se nutren del status quo y son por lo tanto contrarios a los del pueblo de Guatemala.

¿En nombre de quién habla Prensa Libre, cuando defiende prácticamente todo lo que atenta en contra de los intereses nacionales y la democracia? ¿Para quién trabaja Prensa Libre cuando defiende un proyecto particular de minería, una hidroeléctrica, el TLC con los EEUU, las relaciones con Taiwan o los cambios a la ley de medicamentos genéricos? ¿Porqué Prensa Libre dice ser guardián de la democracia y se niega a reconocer la validez del referendo de Sipacapa o las nueve victorias consecutivas de Hugo Chávez? ¿No le ha sido suficiente a Prensa Libre haber pasado a la historia como el medio que cogobernó con los militares durante las dictaduras, o haber sido la caja de resonancia de la embajada de los EEUU?

Nadie pone en duda que la prensa es el cuarto poder de un Estado. Nadie tampoco duda que en muchos casos, la prensa goza de más poder que cualquiera de los otros poderes. Pero el que la prensa tenga poder no sería problema si no fuera porque -a diferencia de los funcionarios electos- los miembros de la prensa no tienen que rendirle cuentas a nadie, por lo menos no públicamente y ciertamente no al pueblo que dicen representar. En el caso de Prensa Libre, para nadie es un secreto que trabajan para sus anunciantes, cuyos intereses se nutren del status quo y son por lo tanto contrarios a los del pueblo de Guatemala.

El pecado original de la prensa en cualquier país es que es - casi sin excepción-, un negocio primero y un servicio público después. Este obvio conflicto de intereses es un defecto de nacimiento que las democracias se han resignado a padecer de por vida, ya que cualquier intento por establecer un paradigma menos perjudicial para la sociedad se encontraría con una férrea oposición de precisamente los mismos que han hecho un negocio de controlar la opinión pública y que no vacilarían un instante en utilizar para su propio beneficio, el enorme poder que tienen en sus manos.

Queda nada más la utópica esperanza de que algún día, una nueva constitución provea un nuevo paradigma democrático donde no existan listados nacionales, elecciones por planilla, candidatos nombrados a dedo, ni el obsceno espectáculo en el que la ley de emisión del pensamiento se doblega ante la libertad de empresa.

Que sean los periodistas los que se regulen a sí mismos y que la ley los proteja de los que ven en un medio de comunicación un vulgar negocio.

Fuente: www.hunapu-e-ixbalanque.blogspot.com/ - 030705


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