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Arreando gatos
Por Quintus - Guatemala, 7 de febrero de 2007

Pero así como la izquierda atrae a la crema y nata del humanismo, también tiene su número de ideólogos recalcitrantes, líderes autoritarios e intelectuales con egos insufribles.

Para el observador foráneo, la candidatura de Rigoberta Menchú a la presidencia de la República era simplemente una cuestión de tiempo, la consecuencia final de un proceso lógico. Después de todo, ella es nuestro Evo Morales, nuestro Nelson Mandela. ¿Porqué entonces no habría la izquierda de cerrar filas alrededor de lo que es a todas luces una candidatura ideal?

Desde sus inicios, esta bitácora ha advocado la necesidad de un gobierno de izquierda en Guatemala, si no por la urgencia de un gobierno más humanista y solidario, por la necesidad de sacudir las estructuras de poder que se han derechizado al punto que hacen de Guatemala una de las sociedades más retrógradas del mundo.

No es un secreto que los intelectos más brillantes, los corazones más solidarios y los espíritus más nobles se ubican a la izquierda del espectro político. Pero así como la izquierda atrae a la crema y nata del humanismo, también tiene su número de ideólogos recalcitrantes, líderes autoritarios e intelectuales con egos insufribles. Cuando esta amalgama de caracteres se combina con la incapacidad atávica chapina para lograr concensos, el resultado se traduce simplemente en elecciones perdidas.

Tradicionalmente, el colectivismo ha sido una parte esencial de toda corriente de izquierda, sin embargo, cuando se trata de elegir dirigentes para un movimiento mayor, el típico líder izquierdista chapín se comporta como el más individualista de los neoliberales. Convencidos de su “indiscutible” calidad de líderes, muy pocos están dispuestos a “seguir” a otros, aún cuando no hacerlo signifique sacrificar los intereses del colectivo. De ahí que consolidar los intereses de la izquierda en un solo movimiento ha sido más difícil que arrear una manada de gatos.

Una explicación lógica al divisionismo en la izquierda podría ser la incapacidad de distinguir el papel que deben jugar los políticos ideólogos y y los políticos políticos . Ambos son necesarios en cualquier movimiento, sin embargo, cuando se tiene ideólogos haciendo política y políticos definiendo ideología, el resultado inevitablemente llevará a unos a acusar a los otros de no tener convicciones y estos a su vez a aquellos de intransigentes. Ante esto el único ganador es el status quo .

Un muy buen ejemplo del canibalismo de izquierda es la tirrria que algunos sectores ortodoxos le tienen a Rigoberta Menchú. Las críticas -casi siempre destructivas- provienen de ideólogos que consideran a Rigoberta una traidora por sentarse a dialogar con el enemigo. No entienden los teóricos en cuestión que el comportamiento de Rigoberta se debe a su naturaleza netamente política. A diferencia de sus críticos, Rigoberta entiende que un verdadero político necesita utilizar las herramientas del diálogo -que también implica concesiones- para avanzar su agenda. También entiende que en política, lo único que verdaderamente cuenta son los resultados.

Ahora que Rigoberta hizo público su interés para aspirar a la presidencia, sus críticos de izquierda deberían de poner a un lado sus intereses personales y aceptar un liderazgo infinitamente superior.

Fuente: www.hunapu-e-ixbalanque.blogspot.com - 060207


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