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Relaciones internacionales ambientales
Por Roberto Arias - Guatemala, 30 de octubre de 2004

Una de las grandes preocupaciones de los científicos, desde el punto de vista de la agresión al medio ambiente, es la formación y constante aumento de los agujeros en la capa de ozono, debido a las interferencias de la actividad humana -la capa de ozono protege a los seres vivos de los rayos solares ultravioleta U.V.B.

Tal ha sido la preocupación de la ciencia y de los países que, a raíz de esta preocupación, los Estados que aprobaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992, reconocieron que ésta podría ser una plataforma para tomar medidas más enérgicas en el futuro.

El primer examen de la adecuación de los compromisos de los países desarrollados se realizó en la CP1 -Primera Conferencia de las Partes-, celebrada en Berlín, Alemania, en 1995. Esta acción generó el "Mandato de Berlín". Con el objeto de redactar un acuerdo sobre el particular, se estableció el Grupo especial sobre el Mandato de Berlín que, tras ocho reuniones, remitió un texto a la CP3 con miras a su negociación definitiva.

Alrededor de 10,000 delegados, observadores y periodistas asistieron a este evento de monumental envergadura, celebrado en Kyoto, Japón, en diciembre de 1997. En la conferencia se llegó a la conclusión, por consenso, de aprobar un Protocolo en virtud del cual los países industrializados se comprometen a reducir, para el período 2008-2012, el total de sus emisiones de gases de efecto invernadero por lo menos en un 5%, en relación a los niveles de 1990. El Protocolo de Kyoto se abrió a la firma el 16 de marzo de 1998. Se tenía la confianza de que este compromiso vinculante produciría una reversión histórica de la tendencia ascendente de las emisiones, que se inició en esos países hace, aproximadamente, unos 150 años.

Los grandes países industrializados incluyendo China, Estados Unidos y Rusia se inhibieron de firmar el compromiso de reducir sus emisiones contaminantes, a pesar de que ya en 1990 había una acelerada reducción de la Capa de Ozono. El llamado "Agujero de Ozono" cubría todo el territorio de la Antártida, en dirección hacia la América del Sur. En 1996 el "Agujero" se había duplicado en cada uno de los años anteriores y se estimaba que tenía una dimensión de unos 10 millones de kilómetros cuadrados, equivalente al tamaño de Europa.

Los problemas ambientales son potencialmente significativos como causa de conflictos internacionales, especialmente cuando los Estados no cuentan con una identidad internacional, como es el caso de Guatemala, cuyos gobernantes se inclinan ante intereses exógenos. Actualmente en Guatemala está la discusión sobre la extracción del oro guatemalteco por una empresa transnacional y aterroriza pensar que el problema de la bananera -UFCO-, en 1954, cambió radicalmente la historia de Guatemala y la hundió en un maremágnum de polarización y violencia que aún repercute con fuerza.

El ex vicepresidente de los Estados Unidos y ex candidato demócrata a la presidencia, Al Gore, quien perdió ante el fraude a favor de George W. Bush en el Estado de La Florida, en su libro "La Tierra en la balanza: la ecología y el espíritu humano" hace una propuesta sobre la actitud de los Estados Unidos que podría cambiar si logran formular un proyecto de seguridad ambiental, en el cual puedan articular sus necesidades económicas y de política internacional.

Al Gore argumenta en su libro que una vez derrotado el comunismo, los problemas ambientales globales constituyen un nuevo reto, además de que son una causa espiritual, común a toda la humanidad, que proporciona a los Estados Unidos la oportunidad de ejercer un nuevo liderazgo. Para combatir el daño ecológico, Al Gore propone un "Plan Marshall Global Ambiental", en el que se establecerían los compromisos de los países desarrollados y en desarrollo para conseguir un desarrollo sustentable. Esto, según el senador, no sólo serviría para solucionar la crisis ambiental, sino también para reactivar la economía estadounidense, al reformularse la política industrial de su país hacia el desarrollo de nuevas tecnologías ambientales que abrirían nuevos mercados.

Desafortunadamente el ganador de esas elecciones fue George W. Bush, porque ahora, en octubre de 2004, el presidente ruso, Vladimir Putin, en un santiamén se ha establecido como el héroe del movimiento de la defensa del medio ambiente a nivel mundial. Su gobierno convino someter a la ratificación del Parlamento el Protocolo de Kyoto para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. El acuerdo firmado en 1998, sólo puede entrar en vigor si los Estados participantes son responsables del 55% de la emisión de gases. Con el 17% de Rusia, la barrera mínima de Estados Unidos (35%) queda superada.

Esperamos que el futuro presidente de los Estados Unidos, John Kerry, someta para su ratificación al senado estadounidense, el Protocolo de Kyoto.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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