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El oro y su explotación
Por Roberto Arias - Guatemala, 8 de enero de 2005

El Dorado era el país legendario que buscaban los conquistadores europeos en el continente recién descubierto por Cristóbal Colón. El mismo Colón vino en busca de especias pero le atrajo más la búsqueda del oro. A Colón le dieron la oportunidad de hacer el primer viaje, porque los reyes de España estaban en la quiebra y necesitaban encontrar otras rutas para agilizar el comercio, según nos cuenta Blasco Ibáñez en su libro "En busca del Gran Kahn", debido, especialmente, a la onerosa guerra de 11 años para lograr expulsar a los musulmanes -moros-- de España, lo cual se logró con la rendición del último de los soberanos nazaríes, Boabdil, quien rindió a Granada a los cristianos en el año de 1492; año que coincidió con la expulsión de los judíos de esa tierra y con el descubrimiento del nuevo continente.

América proveyó de oro a Europa y debido a esos cargamentos que cruzaban el Atlántico en carabelas particulares y oficiales, aparecieron piratas que robaban o hundían enormes cargamentos de oro. Las carabelas españolas eran asediadas por piratas, especialmente holandeses, franceses e ingleses. Algunos ingleses eran piratas que actuaban "dentro de la ley" amparados por la "carta de marca" o "patente de corso", llamada también ley del corso, emitida por el gobierno inglés, la cual convertía a los piratas en corsarios y cometían sus fechorías respaldados por el Ejército y la Marina inglesas. Corsarios famosos son Henry John Morgan y Francis Drake, este último protegido directo de la reina Isabel I, a quien en su momento nombró Caballero del Imperio Británico, convirtiéndolo en Sir Francis Drake.

En fin, el oro ha sido codiciado desde siempre a través de todas las épocas y ha sido desde que se le conoce como metal valioso, siempre, un símbolo de realeza, de prestigio y de poder. Los judíos, particularmente, se dicen los dueños del oro (gold, en inglés) y de allí sus apellidos y nombres --Golda (Golda Meir), Goldsmith, Goldstein, Goldwyn, etcétera. El oro ha simbolizado el matrimonio; la culminación de los estudios; las preseas y premios más sobresalientes a las artes, la ciencia, los deportes y a todos los actos supremos del ser humano.

El oro también ha cobrado una incontable cantidad de vidas, se ha asesinado infinitas veces por él y también es símbolo de la codicia y de la corrupción humana. La humanidad entera gira sobre el eje del amor por el oro.

El oro, de símbolo Au --del Latín aurum--, elemento químico número 79, es un elemento metálico, denso y blando, de aspecto amarillo brillante.

El oro se encuentra en la naturaleza en las vetas de cuarzo y en los depósitos de aluviones secundarios como metal en estado libre o combinado. Está distribuido por casi todas partes, aunque en pequeñas cantidades. Ocupa el lugar 75 en abundancia entre los elementos de la corteza terrestre. Casi siempre se da combinado con variables de plata. La unidad para medir la masa del oro es la onza troy que equivale a 31,1 gramos.

El procedimiento más simple para extraer el oro es el lavado en batea, por medio de una fuente circular que suele tener una pequeña cavidad en el fondo. El buscador de oro o gambusino procede a llenar la fuente con arena o grava mezcladas con pequeñas partículas de oro, agitándola en una suave corriente de agua. Las partes más ligeras de la grava se van con el agua y las partículas de oro van quedando en la batea.

En Guatemala, la forma en que con seguridad se extraería el oro --si se permitiera su explotación-- sería por medio del método hidráulico, que consiste en dirigir una potente corriente o chorro de agua contra la grava o arena que ha sido pulverizada de la mina a cielo abierto con anterioridad. Es decir, se cava un hoyo y se introduce la draga, que flota en el agua bombeada desde la fuente adyacente.

El oro se extrae de la grava o rocas trituradas disolviéndolo en soluciones de cianuro (proceso de cianuro). Algunas menas (material metalífero), sobre todo en aquellas donde el oro está combinado químicamente con telurio, deben ser calcinadas antes de su extracción. El oro se recupera de la solución y se funde en lingotes. Para que una roca sea rentable debe contener un mínimo de una parte de oro por 300,000 (trescientas mil) partes de material desechable (imagine el respetable lector).

Existe una enorme y peligrosa cantidad de variables dentro del impacto que una mina de oro a gran escala nos presenta, como la que se pretende hacer funcionar en Guatemala. Esta cantidad de variables tiene un alcance de proporciones tan grandes que seguramente todo el Estado de Guatemala sería impactado de diferentes formas si este proyecto se llevara a cabo. La justa preocupación de comunidades enteras, de la Iglesia católica y de múltiples representantes de la sociedad civil tienen validez y el presidente Berger tiene, a su vez, el deber de escuchar y evaluar ética y concienzudamente los efectos que de tal acto se desprendan, como parte de sus obligaciones constitucionales de velar por el bien común. La corrupción en Guatemala no permite manejo racional.

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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