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Terroristas en Londres
Por Roberto Arias - Guatemala, 10 de julio de 2005

Cuando se quiere analizar una situación como la que se dio en la "City" el jueves 070705, debe descartarse lo obvio, con la finalidad de aclarar los pensamientos y, siempre, buscar la mayor fuente de luz y alternativas sobre las motivaciones que pudieran causar semejante ataque alevoso en contra del sistema de transporte público de los indefensos londinenses.

Existen varios focos de descontento y resentimiento que pudieran generar tanto odio contra el gobierno británico, como para realizar acciones sutilmente planificadas contra la capital londinense. No debemos olvidar que Inglaterra fue, en su momento, el imperio más poderoso de la tierra y que, también, es un país colonialista que tiene una historia tan brillante como tétrica.

Estados Unidos y Gran Bretaña -como hijo y madre- han cabalgado apocalípticamente juntos sobre el planeta con intereses similares, por lo que se siguen tapando con la misma chamarra. Estados Unidos traicionó vilmente a La América en el caso de la guerra de las Malvinas, territorio que se disputaban La Argentina y los ingleses a puro cañonazo limpio. Los gringos tomaron partido por Inglaterra.

En ese mismo orden, con algunos otros países primer mundistas a la cola, recientemente atacaron a instancias del presidente de los Estados Unidos, George Bush, sin fundamento alguno, a Irak, una de las mayores fuentes petrolíferas en producción de todo el mundo, matando y asesinando a prisioneros, militares y civiles hombres, mujeres y niños. De esta manera, se apropiaron, cual mareros, de esas fuentes de aprovisionamiento mundial de petróleo.

Un mal no repara a otro. Un daño tampoco repara a otro. Profundamente lamento lo ocurrido a los hombres y mujeres londinenses que resultaron muertos o heridos en los ataques, quienes probablemente no saben, ni les interesa saber qué enemigos pueda tener Inglaterra. Lamento profundamente las condiciones sicológicas, legales y espirituales en las que se encuentran las casi mil cien familias de las y los ciudadanos fallecidos y heridos en los atentados.

Los ataques se realizaron en el centro de Londres, cuando la mayoría de trabajadores londinenses -secretarias, profesionales, obreros, etc. - iban a su trabajo. Una explosión ocurrió en Edgeware Road, muy cerca del famoso Hyde Park, donde atacaba Jack, El Destripador, quien quizá se lavaba las manos en las aguas del Támesis, después de destripar a alguna prostituta. Otras ocurrieron en Woburn Place, la bulliciosa estación de King´s Cross en Russel Square y en Aldgate East en Liverpool Street, de una manera geográfica extraña, todos puntos casi paralelos a Oxford Street.

A pesar de que el metro de París es el más antiguo del mundo, el metro londinense no es nuevo en los sectores centrales y antiguos de la ciudad. De éstos sale y entra todo tipo de personas de una manera descontrolada. Es decir, que no existe una forma de controlar el flujo de personas que llegan corriendo a la estación para tomar el tren hacia sus puntos de trabajo o de regreso a sus hogares. Las noticias dicen que ahora existe un sistema de vigilancia por medio de cámaras de circuito cerrado de televisión, lo cual da una esperanza a los ingleses de poder, en alguna medida, identificar a los activistas que plantaron las bombas en los cuatro diferentes sitios, incluyendo el del autobús.

La culpa de los atentados recae lógicamente sobre los terroristas que pusieron las bombas. Pero la responsabilidad de los atentados en Madrid, Moscú y ahora en Londres no recae sobre ellos. Los responsables son los gobernantes que fueron a atizar el hormiguero al Oriente, en su afán de robar a sangre y fuego los recursos petrolíferos de pueblos cuya idiosincrasia no tiene similitud alguna con las idiosincrasias occidentales.

El presidente de los Estados Unidos, George Bush, en su necesidad de potenciar su fortuna personal y la de sus amigos; incluyendo al vicepresidente Chenney, quien dicho sea de paso, navega con bandera de bajo perfil; y la hegemonía norteamericana en el contexto mundial, es el responsable directo de estas y las muertes del futuro que se realizarán en otros países alineados a los Halcones de la Muerte norteamericana.

Los políticos estadounidenses han llevado a su país a la posición hegemónica que tiene, sobre la base del hacer la guerra contra los pueblos del segundo y tercer mundos, dándoles carrera a algunos -como Israel- y cerrándole oportunidades a otros, incluyendo a Guatemala 1954 y el robo armado contra el musulmán Estado de Irak.

El presidente de los Estados Unidos, George Walker Bush, abrió la puerta de un agujero negro que se tragará al planeta tierra y a la humanidad, en una confrontación en cadena, hasta oscuras dimensiones ilimitables e inimaginables. Los ingleses ya esperaban este ataque, porque saben del efecto dominó que causaron al exacerbar el hormiguero en los países de Oriente junto a los Estados Unidos.

Iniciaron el imparable efecto Dominó. Que Dios perdone la indolencia global.

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt - 090705


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