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Consultas poblacionales sobre minería
Por Roberto Arias - Guatemala, 4 de septiembre de 2005

Debido a preguntas y cuestionamientos que personas conocidas me han hecho sobre mis escritos publicados en el Diario La Hora y en otros medios nacionales e internacionales, con respecto a que si mi posición como ambientalista o ecologista es que no deben explotarse en Guatemala los recursos naturales a pesar de la pobreza que existe en nuestro medio; es imperativo que exponga lo siguiente:

Personalmente creo que el humano es el ser más depredador que existe sobre la faz de la tierra. Sé que los recursos naturales, dentro de los cuales se incluye al mismo ser humano, son la base del trabajo, la riqueza, la economía y la comodidad que todos deseamos tener a través de nuestra vida planetaria y que a todos nos corresponde tomar lo necesario para optimizar el desarrollo de nuestras vidas.

Es definitivo el hecho de que todos nacemos, vivimos y morimos al amparo de los recursos y productos de la Tierra. De ella emana nuestra vida y nuestro bienestar.

A partir de estas elementales premisas, me permito darle espacio al distinguido lector, como personalmente lo hago, para sacar la conclusión del tácito silogismo.

Es decir, nadie con sentido común puede oponerse a que sean utilizados los productos naturales que Dios --si usted es creyente-- puso sobre y debajo de la tierra y debajo de las aguas. Pero debe hacerse con respeto a la vida, a la ley y al orden.

Sin embargo, la idea general de la explotación de los recursos naturales terrestres no es tan simple. La explotación de los recursos naturales conlleva implicaciones y componentes geográficos, sociales, mercadológicos, económicos, políticos, ecológicos y ambientales en su generalidad. Los estudios medioambientales que he realizado en Guatemala y en otros países --incluyendo un posgrado en ese campo--, me indican que la realización de contratos a la ligera y de una manera obscura, a espaldas de la sociedad, entre los gobiernos y compañías transnacionales que pululan en los países de tercer mundo debido a sus tradicionales sistemas de corrupción gubernamental, no son de fiar. Éstos contienen complacencias y dádivas torcidamente legalizadas para las transnacionales, las cuales afectan negativamente y abusan, tanto del territorio como de la población, especialmente de las poblaciones más pobres. A cambio de esas dádivas y complacencias que otorgan los gobiernos, los presidentes y sus familiares se convierten automáticamente en asociados de esas compañías. Eso se llama corrupción.

El hijo del presidente Óscar Rafael Berger Perdomo es socio de la compañía minera Montana Exploradora, subsidiaria de la canadiense Gladis Gold Limited, según revelación de Inforpress, razón por la que creo que la compañía llevó a San Marcos un enorme aparato policíaco al mando de su director de policía, Sperinsen, con la finalidad de respaldar con la fuerza a la Montana Exploradora para desarmar una pasarela construida por la población y lograr así, pasar un enorme aparato que utilizaría la compañía para la explotación del oro. De la agresión de la policía contra la población resultó un poblador muerto de un balazo y un maestro de escuela con amputación de una pierna.

Como dice el dicho guatemalteco "si así son las vísperas cómo serán las fiestas". Si en el inicio, quebrantando el Convenio 169 de la OIT, que establece consultas a las poblaciones antes de realizar concesiones que puedan afectarles, hubo enfrentamiento mortal entre los pobladores y los entes represivos gubernamentales, influenciados por intereses personales del presidente de la República y su familia, cualquier persona con sentido común puede inferir lo que podría ocurrir en el futuro, si la sociedad permite que la actitud fascista del gobernante promueva el caos y el asesinato con la finalidad de beneficiarse y beneficiar a una compañía transnacional que, obviamente explotaría los recursos pasando por encima de cualquier argumento legal o moral con el aval corrupto y prepotente de las más altas autoridades gubernamentales.

En este caso, puede establecerse el hecho de que Guatemala sigue perdiendo su soberanía ante gobiernos que sostienen la descentralización en su discurso, pero que sus acciones descubren un claro abuso de poder, abuso del Estado soberano y un duro pensamiento fascista, feudal y conservador, digno de los más sanguinarios dictadores; más que acciones de presidentes electos democráticamente para representar al pueblo y al Estado de Guatemala de una manera que irradie democracia, prudencia y buen juicio.

Ya es momento de que los guatemaltecos condenemos el irrespeto que el gobierno sostiene por las leyes creadas por el pueblo de Guatemala y las leyes ratificadas, también por el pueblo de Guatemala, a través de sus congresistas.

Como ciudadano guatemalteco y como miembro ejecutivo de asociaciones ambientalistas nacionales e internacionales, exijo con solidez al presidente de Guatemala que sea respetado y no violado el Convenio 169 de la OIT, el que fue ratificado por el Congreso de la República, el cual, como todo convenio internacional ratificado, tiene carácter preeminente sobre las leyes nacionales conforme el artículo 46 de la Constitución de la República de Guatemala. La consulta poblacional es ley.

Fuente: www.lahora.com.gt - 030905


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