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De ballenas, caobas y computadoras
Por Roberto Arias - Guatemala, 9 de septiembre de 2005

Dentro de las "ocurrencias", como le denomina benignamente un matutino alineado, a las necedades del presidente de la República Óscar Berger Perdomo, se encuentra la iniciativa 3214 presentada por él al Congreso de la República a inicios del año, iniciativa de ley para afiliarse a la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que fue aprobada hace poco más de dos semanas por el Organismo Legislativo.

"...Además el embajador de Japón me hizo una exposición brillante sobre el tema" dijo Berger, según el diario El Periódico 031005 página 4. (¿?)

En este pálido argumento presidencial puede notarse el enorme desconocimiento que asume el presidente en lo tocante a temas que precipitan el caos y el agotamiento de las riquezas naturales del planeta, así como la desunión que existe entre el conocimiento científico y las decisiones políticas. Así también puede notarse el ambivalente y cantinflesco aval "técnico" de Mario Jolón, asesor técnico de la Asociación de Profesionales en Biodiversidad y Medio Ambiente (Probioma), a la iniciativa presidencial cuando afirma: "Y es cierto. Se ha probado que en algunas partes, las poblaciones (de ballenas) no han sufrido cambios y en algunos casos las utilizan con un fin científico" -Diario El Periódico 011005, página 18-.

Otra afirmación que debe dejarse en un limbo de credulidad, es la del consejero de la embajada del Japón, Masato Matsui, cuando asevera que: "Nosotros siempre hemos respetado lo que CBI ha dicho, y es mentira que nosotros queramos presionar a los países para que ingresen a la comisión y voten a favor de nosotros".

Sin embargo, es ampliamente conocido que en las convenciones de las Naciones Unidas relacionadas con la conservación biótica y de medio ambiente, los países balleneros transan con países exportadores de maderas preciosas, con la finalidad de que el voto sea contra declarar a ciertas especies de ballenas como en vía de extinción, mientras los países balleneros votan contra declarar especies maderables en vía de extinción, particularmente la caoba. Es sabido también que algunos representantes de los países latinoamericanos reciben buenas dosis de efectivo por votar a favor de no prohibir la caza de especies de cetáceos.

Ahora, en apelación de algo sagrado: La educación, se publicita la donación de $ 6 millones de dólares con la finalidad de compra de computadoras para las escuelas, hecha por el gobierno del Japón durante la reciente visita hecha por Óscar Berger a esa nación. Coincidentemente, a raíz de esa visita, el presidente de Guatemala también solicitó al Congreso que se apruebe la ley en la que Guatemala se adhiera a la Comisión Ballenera Internacional, con la finalidad de poder votar, ¿A favor de quién y de qué, pensaría el culto lector?

Con mucha seguridad, el Japón votará porque no se designe a la caoba como en vía de extinción en los tratados internacionales y de las Naciones Unidas y, los "empresarios" madereros guatemaltecos que han asolado impunemente las maderas preciosas del Petén, seguirán depredando a su sabor y antojo, hasta que esa riqueza vegetal se agote y el calentamiento global se agigante.

Según la biblioteca, "Ballena es el nombre genérico que reciben los mamíferos marinos que constituyen el orden de los cetáceos. Se diferencian del resto de los mamíferos en que pasan toda su vida, desde que nacen hasta que mueren, en el agua." El término cetáceo se utiliza para nombrar de forma general a las 78 especies que existen de ballenas, delfines y marsopas.

La investigación científica ha demostrado que las ballenas descienden de un animal terrestre con cuatro extremidades. Según los últimos estudios estos mamíferos podrían haber evolucionado a partir de un artiodáctilo primitivo, a partir del cual habrían descendido también los artiodáctilos modernos, como las ovejas, los ciervos, los cerdos o los hipopótamos. Precisamente estos últimos animales parecen ser los parientes vivos más próximos de las ballenas.

Las ballenas perseguidas, capturadas y descuartizadas durante siglos como fuente de comida, aceite y muchos productos más, disminuyeron en número desde mediados del siglo XIX. Hoy muchas especies se encuentran amenazadas. La mayoría de los países han suspendido sus actividades balleneras.

En la actualidad hay unas cuarenta especies de ballenas y de ellas la mitad están consideradas como raras, es decir, que no son muy numerosas (puede que nunca lo fueran). Muchas de las ballenas de nariz alargada (o pico), entran dentro de esta categoría; por otro lado, la mayoría de especies con valor comercial están consideradas como especies amenazadas; entre ellas se encuentran el rorcual o ballena azul, el rorcual norteño, el rorcual franco, la ballena vasca, la ballena franca o de Groenlandia y muchas poblaciones de cachalote. La causa principal de la regresión de estas especies es la caza excesiva, que hace que el número de ballenas capturadas sea mayor que el de ballenas nacidas. Si la pesca de ballenas no se regula, muchas de estas especies desaparecerán y, en algunos casos, las poblaciones son ya tan reducidas que quizás nunca se recuperen.

No se sabe todavía con exactitud, excepto en el caso de la ballena gris del pacífico, cual es el tamaño de la mayoría de las poblaciones y sólo se tienen estimaciones. En consecuencia y, como resultado de la reducción drástica que han sufrido las especies comerciales y de la falta de conocimiento por parte de los científicos del comportamiento y la biología de las ballenas, muchos conservacionistas de todo el mundo están promoviendo la prohibición total de la captura de ballenas.

Fuente: www.lahora.com.gt - 081005


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