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Política exterior rastrera y corrupta
Por Ricardo Barrientos - Guatemala, 6 de noviembre de 2017

La política exterior de Jimmy Morales es rastrera y servil a la agenda de otros, sigue criterios religiosos fundamentalistas y defiende la corrupción y la impunidad.

Una diplomacia con un mínimo de tino, experiencia e información asumiría como trivial que la ubicación de una embajada no es un asunto religioso. No requeriría esfuerzo alguno entender que la ubicación de la embajada guatemalteca en Israel no tiene nada que ver con el rol de Jerusalén en toda la doctrina y retórica religiosa, en especial la de corte cristiana neopentecostal. Sin embargo, sorprende y preocupa que haya quienes sostengan y defiendan que mover la embajada de Tel Aviv a Jerusalén es un acto «acorde a la voluntad divina y que traerá bendiciones a Guatemala».

Hay que tener claro que el que algunos guatemaltecos se crean la verborrea religiosa sobre Jerusalén, no quiere decir que los israelíes estén en la misma. En el contexto de la violencia y la complejidad del conflicto palestino-israelí, debe entenderse que la posibilidad de que un tonto útil externo se eche encima el enorme costo político internacional de demostrar entusiasmo por adherirse a un bando es un recurso que los israelíes no pueden darse el lujo de desperdiciar.

Por ello, sobornar con boletos aéreos, alojamientos lujosos y demás prebendas a un presidente tonto y su familia (incluyendo al hermano e hijo que enfrentan juicio por corrupción), su canciller, igual o aún más tonta, y toda una jauría de funcionarios y diputados corruptos y rastreros, para Israel en realidad es una inversión mínima comparada con los réditos que obtendrá al lograr que el Gobierno de un país como Guatemala demuestre falta de decencia y escrúpulo diplomático al seguir de manera servil y rastrera la posición de Trump en el conflicto palestino-israelí. Con el agravante que, en realidad, Israel no está pagando todo, ya que el tiempo de ausencia de funcionarios y dignatarios lo pagamos en Guatemala, al margen que se descubra uso de fondos guatemaltecos. ¡Desde ya debemos exigir la investigación y auditoría de todos los gastos incurridos en este viaje a Israel!

Comentarios similares merece la decisión de solicitar el cambio de los embajadores de Suecia y Venezuela en Guatemala. En vez de estar orgullosos de tener en Guatemala a un personaje de la talla de Anders Kompass, quien ha demostrado su enorme calidad moral y profesional, incluso desafiando a las Naciones Unidas al exigir castigo por abusos cometidos por sus funcionarios, es una vergüenza bochornosa y descomunal intentar justificar la acción por un comentario sobre el carácter generalizado de la corrupción en la sociedad guatemalteca.

Sabemos que la corrupción es un cáncer que ha alcanzado a todos los niveles de nuestra sociedad, y en todo caso, ¿por qué no se dijo nada cuando expertos, como José Ugaz, han dicho lo mismo al sostener que la corrupción tiene carácter histórico, estructural y sistémico. Más allá de pretextos gubernamentales que rayan en la estupidez y el ridículo, se percibe que la verdadera razón de pedir el retiro de Kompass es la necedad de Jimmy Morales de atacar a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y a sus fuentes de apoyo.

Si bien estamos obligados a respetar las opiniones y creencias de los demás, como ciudadanía tenemos la responsabilidad obligada de exigir que la política exterior de nuestro país la definan y determinen criterios diplomáticos serios y separados de toda forma de fundamentalismo religioso; que no se siga este papel bochornoso y ridículo de gobierno tonto y rastrero al servicio de la agenda política de otros, que defiende de forma descarada la corrupción y la impunidad.

Fuente: gazeta.gt


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