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Jimmy vendió nuestra dignidad en Jerusalén
Por Ricardo Barrientos - Guatemala, 20 de julio de 2018

La forma en que Jimmy Morales y su gavilla están vendiendo la dignidad y dilapidando los impuestos de Guatemala no debe quedar impune.

Cualquier análisis serio muestra que el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén no figura dentro de los asuntos que son prioridad en una agenda de desarrollo legítima, además contrasta con la enorme cantidad y gravedad de los problemas que debemos resolver en Guatemala. Posicionar a nuestro país al extremo de uno de los dos bandos del conflicto árabe-israelí era totalmente innecesario, y también muy peligroso.

Poco a poco va saliendo a luz que las motivaciones de Jimmy Morales y su gavilla no tienen nada qué ver con política exterior o un supuesto fanatismo religioso fundamentalista cristiano neopentecostal. La Fiscalía Contra la Corrupción del Ministerio Público anunció la apertura de un expediente de investigación de oficio ante los indicios graves de que todo el asunto del traslado de la embajada haya sido un acto de corrupción descarado, en el que Jimmy Morales y la gente que lo acompañó vendió la dignidad de Guatemala recibiendo sobornos y prebendas, como pago para satisfacer a quienes sí tienen motivaciones reales e históricas en el bando israelí del conflicto en el Oriente Medio.

La importancia del asunto va mucho más allá del escándalo que causaron las declaraciones del entonces vocero presidencial, quien primero afirmó que los gastos del viaje los pagaría el Gobierno de Israel, para luego cambiar la versión a que se trataba de «cortesías» de empresarios israelíes. La situación llegó a lo inaudito y el descaro cuando la canciller Sandra Jovel, a solicitud del propietario del avión privado en el que se transportó Morales y su gavilla, se negó a revelar su nombre, anteponiendo la voluntad de un millonario al cumplimiento de la Ley de Acceso a la Información Pública.

Al verse acorralada por el riesgo de ser sancionada por violar esa ley, Jovel terminó revelando que se trataba del estadounidense de origen askenazí ucraniano, Sheldon Adelson. Un magnate del mafioso mundo de casinos de Las Vegas, propietario del diario israelí Israel Hayom, quien hizo la donación más grande de la historia a un presidente estadounidense recién electo al regalarle cinco millones de dólares a Donald Trump para la inauguración de su presidencia. Y este es el donante conocido por el momento, pero no debe descartarse la posibilidad de que los sobornos que recibieron Jimmy Morales y su grupo también provinieron de otros.

El tema de fondo es si nuestro sistema judicial y político continuará permitiendo que un presidente de la República, varios de sus ministros y diputados trabajen y tomen decisiones para satisfacer los intereses de sujetos como Adelson, en vez de cubrir las gravísimas necesidades y urgencias de una población empobrecida, una niñez desnutrida y de una red vial destruida. De permanecer impune la venta de la dignidad nacional por los sobornos de Adelson y compañía, esto irá convirtiéndose en la política exterior guatemalteca, tal como lo sugiere el despilfarro de Q 42 200.12 para una cena privada con Jared Kushner, asesor principal y yerno de Donald Trump, el cual se realizó, según Jovel, para discutir la relación con Israel, las relaciones entre Guatemala y Estados Unidos, y el tema de los migrantes. Una cena para atender la agenda estadounidense, pero nada del interés guatemalteco, nada de una agenda de desarrollo y la solución de las causas estructurales de la migración.

El desafío es si como sociedad continuaremos tolerando la impunidad en la que permanecen acciones gubernamentales a cambio de un paseo en avión, o de cenas suntuosas para que se harten otros a costa de nuestros impuestos.

Fuente: gazeta.gt


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