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¿Euforia victoriosa o desesperación miedosa?
Por Ricardo Barrientos - Guatemala, 23 de noviembre de 2018

A primera vista, pareciera que Jimmy Morales y el Pacto de Corruptos podría estar ganando una batalla a favor de la corrupción y la impunidad.

Sin duda han logrado impedir el retorno a Guatemala de Iván Velásquez, jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), incluso desobedeciendo a la Corte de Constitucionalidad y contradiciendo la opinión de Consuelo Porras, fiscal general y jefa del Ministerio Público; el cabildeo en Washington DC les procuró cierto apoyo del gobierno de Donald Trump y de los republicanos, a cambio de mascaradas como el caso Bitkov o el traslado de la embajada guatemalteca a Jerusalén.

Además, han logrado algún impacto en la opinión pública por la campaña mediática contra la Cicig, estimulando sentimientos nacionalistas y xenofóbicos, e incluso levantando las viejas banderas de la Guerra Fría, alegando que Velásquez es comunista o que la lucha contra la corrupción y la impunidad son cuestiones ideológicas de izquierda extrema. Eligieron una Junta Directiva del Congreso de la República para 2019, integrada por delincuentes corruptos de cepa pura y dura. Finalmente han logrado el apoyo de algunas facciones del sector privado, lo que evidencia la voracidad y carencia de escrúpulos de un grupo de empresarios.

Sin duda un festín para los pesimistas y los derrotistas. ¿Son estas las evidencias de una victoria definitiva para el Pacto de Corruptos?

Un análisis más a fondo y cuidadoso revela fisuras graves en las carrozas de la victoria de Jimmy Morales y sus aliados. Primero, el propio Morales y varios de sus ministros están en grave peligro por haber desobedecido una resolución de la Corte de Constitucionalidad, que en el caso de los ministros implicaría su destitución inmediata. Segundo, la Cicig y el Ministerio Público continúan trabajando, con un perfil mediático más bajo, pero con resultados tangibles como el caso de ejecuciones extrajudiciales y tortura que involucra a Carlos Vielman y por el cual permanece prófugo Kamilo Rivera, ex viceministro de gobernación de Jimmy Morales.

Con el control demócrata del Congreso estadounidense a partir de enero, el apoyo norteamericano para el gobierno de Jimmy Morales decaerá, una vez se desmientan los datos «impresionantes» (en realidad, falsos y absurdos) de incautación de drogas y capturas de terroristas del Estado Islámico presentados por Morales. El apoyo popular y empresarial al Pacto de Corruptos en realidad es minoritario, porque la gran mayoría de la ciudadanía y del empresariado es honesto, además cree y entiende los daños que provocan la corrupción y la impunidad.

Pero sobre todo, lo más importante, al Pacto de Corruptos se le está acabando el tiempo. Tienen tanto miedo a la justicia y a la posibilidad de que en un futuro cercano sean perseguidos penalmente por sus crímenes, que la desesperación miedosa explicaría las propuestas (ridículas) de disolver la Corte de Constitucionalidad, tipificar como delito las críticas a las y los diputados o permitir la reelección presidencial, a la hondureña.

Por ello, seamos cuidadosos en el análisis. La ferocidad del ataque de Jimmy Morales en contra de la Cicig pueda que no esté motivada por el triunfalismo, sino por un miedo profundo y desesperado a enfrentar la justicia después de enero de 2020. El resultado de un instinto básico, como el de una bestia herida, una cuestión de sobrevivencia cuyas opciones son lograr y preservar la impunidad, o la cárcel.

Como ciudadanía no caigamos en el derrotismo. Con los pies bien puestos sobre la tierra, hagamos un análisis realista de la coyuntura y no perdamos la esperanza. Veamos más allá del triunfalismo de Jimmy Morales y del Pacto de Corruptos, y entendamos que están desesperados por su miedo a la justicia.

Fuente: gazeta.gt


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