Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 14 - 2019

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Los nenes del Pacto de Corruptos
Por Ricardo Barrientos - Guatemala, 1 de febrero de 2019

¿Qué diferencia a Mirna Elizabeth Juárez de José Manuel Morales Marroquín o de Juan Ramón Lau López?

Mirna Elizabeth Juárez, conocida también por la Rancherita, es la joven de 19 años que perpetró un ataque con un explosivo en contra de un autobús como parte de su supuesta vinculación a una pandilla o mara dedicada a la extorsión. En el acto resultó herida, fue hospitalizada y le amputaron sus dos antebrazos. Fue dada de alta y trasladada a la cárcel de mujeres Santa Teresa para guardar prisión preventiva y luego ser juzgada.

José Manuel Morales Marroquín es el hijo del presidente Jimmy Morales, quien está siendo juzgado por delitos de corrupción en el caso denominado Botín Registro de la Propiedad. Morales Marroquín guarda prisión preventiva, pero goza de permisos judiciales especiales para atender compromisos con la empresa Moralejas y jugar en el equipo de fútbol Deportivo Petapa.

Juan Ramón Lau López es el hijo del diputado Juan Ramón Lau Quan, para muchos el nuevo rey de la mafia en los tribunales de justicia y sottocapo de Felipao Alejos. Fue capturado por portar ilegalmente un arma de fuego propiedad del Ministerio de Gobernación reportada robada 48 horas antes por un guardaespaldas de su padre, e intentar agredir a los policías. Pocas horas después fue dejado en libertad, sin enfrentar cargos. Testimonios de vecinos contradicen el parte policial y la versión de su padre, indicando que Lau López fue capturado mientras huía de la policía, luego de amenazar a varias personas con el arma de fuego que portaba.

En una sociedad democrática con un sistema de administración de justicia funcional, en el que prevalece una cultura de legalidad y de igualdad ante la ley, estas tres personas gozarían de los mismos derechos, y de igual forma recibirían el castigo estipulado en las leyes si se les llegase a demostrar en juicio que cometieron delitos. La diferencia la harían las sentencias por la naturaleza y gravedad de los delitos cometidos. ¿Están la sociedad y el sistema de administración de justicia tratando con igualdad ante la ley a Mirna Elizabeth, a José Manuel y a Juan Ramón?

Es más que obvio que no.

Hoy, en contra de Mirna Elizabeth se concentran expresiones de odio y rabia colectiva, es el blanco de descargas de frustración y no falta quien celebre la amputación de sus antebrazos como si fuese el merecido castigo justo, ni quien lamente que no haya muerto. ¿Quién velará y garantizará su derecho de presunción de inocencia? ¿Cuántos abogados estarán dispuestos a ejercer en su defensa? O quizá muchísimo más importante, ¿a cuántos ciudadanos les interesa conocer la historia de su vida, sobre cómo pasó de ser una bebita recién nacida allá por el año 2000, a ser una marera operando en redes de extorsión? ¿En cómo se vincula su realidad de hoy con que una de las metas del presupuesto público de Jimmy Morales para 2019 es dejar fuera del sistema educativo más de 90 000 niñas y niños, aumentando la ya vergonzosa y trágica realidad de que más de 3 millones están fuera de las escuelas?

En contraste, a José Manuel y Juan Ramón los defienden los privilegios de los mecanismos de impunidad y corrupción que preservan sus padres, paladines del Pacto de Corruptos. Por ser nenes del Pacto de Corruptos, el primero se divierte jugando en la liga mayor de fútbol y el segundo goza tranquilo en su casa, libre de cargos.

Como sociedad, ¿nos parece justo condenar con la mayor crueldad a Mirna Elizabeth y tolerar la impunidad con que se está mimando a José Manuel y a Juan Ramón?

Fuente: https://gazeta.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.