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Golpes bajos a la democracia hondureña
Por Ramón Cadena - Guatemala, 2 de julio de 2009

No puede llamarse de otra forma: es un golpe de estado con letras mayúsculas, descarado.  Cuando ya los fantasmas de los dinosaurios se suponían lejos de nuestra región, vuelven y con una fuerza obscura y tenebrosa, hipócrita y servil.  Hace apenas unos meses en Guatemala, el pensamiento retrógrado de la derecha sacó a relucir tibiamente sus garras.  Ahora en Honduras, sectores conservadores de similar pensamiento, con el apoyo de la cúpula militar y representantes del Organismo Legislativo y el Poder Judicial dan el zarpazo: golpes bajos al estado de derecho en Honduras.  Hay que analizar si la doctrina de facto llega a Honduras, para intentar volver a Guatemala y El Salvador, simplemente porque los sectores conservadores en cada país no quieren permitir los cambios más simples y necesarios en favor de los pobres.  Hay que estar muy atentos.           

Zelaya es el Presidente electo por el pueblo hondureño en elecciones libres.  No cabe la menor duda: sigue siendo el Presidente de la Nación; el Jefe de uno de los tres poderes del Estado.  Veamos.  Los hechos se desencadenaron en forma precipitada, porque habían sido preparados y ensayados con mucha anticipación.    El Presidente Zelaya acata una primera orden que un juzgado de lo contencioso emite en mayo de este año: desiste de seguir con su propuesta de llevar adelante una consulta para modificar la Constitución y permitir así la reelección presidencial, ya que el juzgado de lo contencioso se lo prohíbe.  Ante este fallo, el Presidente Zelaya propone a la ciudadanía hondureña llevar a cabo una encuesta, en base a la Ley de Participación Ciudadana que permite este ejercicio de  democracia participativa.  Hasta allí, expresiones totalmente legales, tanto de la justicia, como del Jefe del Organismo Ejecutivo.

Pero llega el primer fallo ilegal que abre el camino del rompimiento del orden constitucional: el Juez de lo contencioso resuelve que hay que confiscar todo el material relacionado con dicha encuesta; el Presidente Zelaya se opone legítimamente a esta orden y mientras se ejecuta, pide al  Ministro de la Defensa rescatar y distribuir el material confiscado;  el Ministro de la Defensa no atiende la orden del Presidente Zelaya y lo obliga a tomar la decisión legal de destituirlo.  Llega entonces el segundo fallo que cava más profundo el sendero corrupto del golpe de estado: la Corte Suprema ordena al Presidente de la República la restitución en su puesto del Ministro de la Defensa.  La maquinaria del golpe de estado está en marcha.

El Presidente Zelaya es ilegalmente agredido y obligado a tomar un avión militar, es expulsado de su país y a la fuerza y bajo amenazas, se le traslada a Costa Rica.  La maquinaria para legitimar el golpe de estado enciende motores.  Bien pensado y planificado por la cúpula militar hondureña y los sectores  conservadores de dicho país: a golpe dado no hay quite y ahora a  legitimarlo.  Cerco militar a la resistencia del pueblo, represión en contra de la resistencia del pueblo, desinformación y mentira, estado de excepción, detenciones, agresiones en contra de la resistencia del pueblo, intervención del Poder Legislativo para que el derecho más torcido “destituya” al Presidente Zelaya y autonombre presidente al Usurpador, pobre hombre al servicio de la doctrina de facto.

Y atrás como un fiel corderito, va la Corte Suprema de Justicia y da un espaldarazo amistoso al golpe de estado y rompe la columna vertebral del estado de derecho, de la democracia hondureña, llamando a la población a acatar el golpe.  La cúpula militar hondureña y los sectores más conservadores de Honduras le han clavado un puñal en la espalda al pueblo hondureño, a su endeble democracia, a sus instituciones tan débiles.    

En la Comunidad Internacional, no hay un solo país que no condene el golpe de estado, los golpes bajos.  No hay un solo país que no pida que se restituya en el poder al Presidente Zelaya.  No se trata de Chávez, Ortega, Morales o Correa.  Se trata de todos los países de la Comunidad Internacional, gobiernos de derecha, de centro, de izquierda, países grandes y países pequeños, todos condenan el golpe.  La ONU, la OEA, el SICA, el Banco Mundial, en fin, hay unanimidad: Zelaya debe retornar y debe construirse rápidamente el complejo camino que restituya la democracia y el estado de derecho en Honduras.                  

La razón no asiste a los golpistas.  En su afán militarista, conservador y prehistórico, se aferran al poder de los tiranos, al autoritarismo y la dictadura.  Se fortalecen con la represión y siguen desinformando: porque en Honduras no pasa nada, el pueblo no quiere que el Presidente Zelaya retorne, el Presidente Zelaya se quiere perpetuar en el poder, no fue un golpe de estado sino “el rescate del orden constitucional”.  Los golpistas siguen allí, bien pegaditos a sus deseos irracionales y desenfrenados.

Y viene el colapso.  Honduras sumida en una de sus peores crisis, ya ha sido infectada por el virus militar, conservador y retrógrado de la edad de piedra.  El daño lo causan los golpistas.  No lo causa la Comunidad Internacional que impone sanciones políticas y económicas.  El daño lo causan los golpistas, no el pueblo que se resiste.  El cierre de fronteras y la suspensión de relaciones comerciales lo causan los golpistas, no los gobiernos democráticos.  Si ya había profundas divisiones entre el pueblo hondureño, ahora las hay más profundas y las heridas aún más difíciles de curar.  Esta división la causan los golpistas que dan golpes bajos al pueblo hondureño.                   

Y en Guatemala, el frente amplio conservador de derecha apoya a los golpistas, sin decirlo abiertamente pero murmurándolo calladamente a gritos a la vuelta de la esquina.  Guarda silencio mientras está cargando sus fusiles a favor de la doctrina de facto.  Apoya a los golpistas y acusa a Chávez, Ortega, Morales y Correa.  Pide que no se afecten las relaciones comerciales y que la Comunidad Internacional se limite a establecer sanciones de tipo político.  Otra vez, como siempre fiel a la soberanía absoluta de los estados (idea predominante del Siglo XIX), se aleja de la Comunidad Internacional, del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y de los principios y valores del Derecho Internacional Público y se encierra en el mundo de las cavernas más pretéritas. 

Definitivamente, no quieren entender que en este salón en el que se lucen los golpes bajos, llegó la hora de ser drásticos y que hay que darle un mensaje claro y contundente a los golpistas: que les quede claro que no se saldrán con la suya.  Por el contrario, como siempre, fieles a su riqueza y a sus intereses personales y de elite oligárquica, para amasar más riqueza y más bienes, les dan luz verde a los golpistas en forma solapada.

Ante este panorama tan repulsivo, toca a todo el pueblo centroamericano activar en contra de la doctrina de facto.  Acompañar al Presidente Zelaya en su retorno a la Presidencia de Honduras y en la reconstrucción de la democracia.  Nos toca estar muy atentos para evitar cualquier intento parecido en Guatemala o en El Salvador, cuando la elite está perdiendo lentamente el norte, pero ganando nuevamente el poder a la fuerza.  

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