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Chavajay: poéticas del lugar común
Por Rosina Cazali - Guatemala, 27 de junio de 2007

Sumergidos en la novedad de recuperar los centros históricos, el Centro, o la zona 1, va adquiriendo una categoría cultural. Es decir, un sinónimo de algo más digno. Entre la oferta de mercados, travestis, refugios darks y los nuevos cafés baristas, asoma el antiguo palacio de correos como un proyecto donde conviven y se toleran artistas y burócratas, y donde pueden suceder las exposiciones más interesantes de la temporada. Una de ellas fue Suave chapina, de Benvenuto Chavajay.

La obra de este artista de San Pedro La Laguna está ligada al entorno del lago de Atitlán, un territorio que, en sus movimientos migratorios, ha dejado de ser una postal “bonita”, de laguito y volcanes perfectos. Quién mejor que Benvenuto –un artista insider– para comprender el fenómeno.

Como producto de la experiencia, ha confeccionado obras que elaboran una semántica particular, impresa en objetos que no se quedan en el mero reciclaje de materiales industriales sino apuntan hacia la búsqueda de metáforas de su entorno y su época. Sobre la línea de la reutilización de zapatos que el artista ha venido trabajando hace algún tiempo, Chavajay introduce la marca Suave chapina. Como un readymade lingüístico, el juego de palabras no solo alude a una etiqueta de yinas sino realiza una sumatoria de connotaciones de actualidad: confort en lo precario, plastic extension del caite tradicional de hule, lo suave-casi-hippy. En fin, alude a lo propio sin intermediación del Inguat… Conectando una con otra, subrayando la imposibilidad del retorno a lo original, las chanclas dan el aspecto de tener vida propia, resultan como una masa de “bichos” que amenazan con instalarse en la moral del purismo nacional. El resultado es un montaje de potencial paradójico que propone un pulso cultural entre tradición y tecnología. Cosas de la hibridación, diría Canclini.

Chavajay es dueño del oficio. Sus objetos son poéticos al denotar la sustancia del lugar común. Sin embargo, en su intento por inducir hacia referentes de su repertorio artístico, nos encontramos con dos instalaciones no resueltas. La primera es un fragmento de los muelles típicos de la región que más bien resulta en un andamio frágil. En otra sala, una alfombra de arena fina que reproduce de manera literal la huella del calzado y nada más. En general, el medio de la instalación pende de una toma de conciencia del espacio; es encontrar el punto de gravedad entre los objetos que la componen y el espacio que los contiene. En ambas obras, no se crea la atmósfera. No hay aura.

En suma, Suave chapina es un buen recorrido a través de logros recientes, en la cual habrá que meditar sobre el uso del espacio. No obstante, los objetos, producto de una arqueología contemporánea, registran a la perfección la inmensa gama de matices contenidos en lo que es ser, en pleno siglo XXI, un sampedrano en tránsito, entre Nueva York, Los Ángeles y Atitlán.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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