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Los hospitales
Por Roberto Cabrera Guzmán - Guatemla, 18 de marzo de 2005

Las enfermedades no avisan y de repente se expresan en horas inadecuadas, por la noche, en que los servicios en los hospitales están muy concurridos y cuesta llegar a un lugar de atención inmediata. Al llegar a los hospitales nacionales, principia un vía crucis: ¿Por qué? Como a estos hospitales llegan muchas personas, trabajadores y capas medias, con necesidad de servicios médicos, son recibidos y con una gran espera por la gran cantidad de personas que a estas emergencias llegan. Aquí principia el enfermo a pasar penas: deshumanización, la falta de solidaridad, el casi irrespeto al enfermo. La falta de camillas, no hay frazadas (vi un paisano de Jutiapa tiritando de frío), no hay camas, todas están ocupadas y, frente a estas circunstancias, las enfermeras y practicantes, agobiados por su trabajo, son objeto de conductas irregulares que tienen con las esencias del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, que creó la revolución con la expresión del gran presidente Juan José Arévalo.

Dentro de aquella multitud que entraba y salía de la emergencia, una enfermera con voz alta decía: "este edificio era un hotel y por eso tenemos estos problemas…". Han pasado ya muchos años y esa planta de emergencia debiera de ser nueva y moderna: Locales amplios, salas para médicos, sillas giratorias para enfermos, camillas de buen tamaño con sus barandas, plegables y necesariamente camas en abundancia, para que ningún enfermo se quede sin la atención debida. Las enfermeras que en su gran mayoría son buenas, capaces y eficientes, siempre debieran estar asistidas por pláticas del sentido humano, de atención, de cordialidad que insuflan a enfermos de cualquier naturaleza que ésta sea. En cuanto a los enfermos de la tercera edad, debieran estar protegidos de los chiflones y las corrientes de aire, porque si no es una enfermedad específica quien se los lleva, es una pulmonía por lo descampados de estos locales y las desatenciones específicas de quienes son llamados a protegerlos.

¡De repente una voz de una enfermera indica! "Hay en espera 20 candidatos y ni una sola cama", un practicante indica también que no hay camillas ni aparatos disponibles. Entonces nos viene a la mente la gran desgracia de los corruptos y ladrones del IGSS, que con las cantidades millonarias debieran estar remozados, modernizadas las salas de emergencia básicamente, con campo especial para ambulancias en su interior, protegidos y adecuados…, algunos lugares de comidas y alimentos, porque hay personas que llegan sin desayuno, no almuerzan, ni cenan, esto está contra el mejor principio de nuestros abuelos, cuando afirmaban que "enfermo que come, no se muere". En todos los Centros del IGSS contamos con excelentes profesionales de todos las especialidades, expertos, técnicos de todas las enfermedades. El IGSS es una bendición para todos los enfermos que asisten y será mejor cuando el Gobierno, municipalidades, etc. pongan lo que deben al IGSS para que cada día mejore las prestaciones que da y los servicios que presta.

Después de un primer tratamiento en el Hospital las Américas, pase al IGSS y finalmente a UNICAR. En todas partes estuve muy bien atendido y agradezco públicamente a todas las personas que tan generosamente me tendieron su mano amiga y afectuosa.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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