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La teología de la prosperidad y el sentido de la vida
Por Rafael Cuevas Molina. - Guatemala, 6 de junio de 2018

Las iglesias evangélicas que se basan y difunden la Teología de la Prosperidad proliferan en toda América. No son solamente un fenómeno religioso sino también social y político que ha venido creciendo desde las décadas del 70 y 80.

La religión ha sido siempre un medio para que mucha gente intente encontrarle sentido a la vida: ¿Por qué estamos aquí y para qué la vida? O, como escribiera Paul Gauguin en una esquina de una de sus obras cumbres pintadas en Tahití en 1897, ¿De dónde venimos, quiénes somos, hacia dónde vamos?

Durante siglos, la religión cristiana católica dio su repuesta: el sentido de la vida está en la salvación del alma, en hacer méritos para luego vivir la vida eterna de perpetua felicidad o de indestructible sufrimiento. El camino para alcanzar el cielo está plagado de tentaciones, obstáculos y sacrificios, y el sentido de la vida está en sortearlos para agradar a Dios quien, viendo el esfuerzo, retribuye con la salvación. Algunos de los obstáculos más importantes para lograr esa mirada benevolente y salvífica era la riqueza material, o las ansias de poder, puesto que ambas llevaban a olvidar o, cuando menos a difuminar, el verdadero sentido de la existencia por espejismos ofrecidos por la pasajera vida terrenal.

La Reforma Protestante cambió estos parámetros a partir del siglo XV. El pujante capitalismo que se instauraba en la Europa central generó nuevos valores que necesitaban ser legitimados por la religión que daba sentido a la vida. El resultado fue una reinterpretación de la Biblia en la que el sentido de la vida pasó literalmente del cielo a la tierra, lo que quiere decir que aprobó y estimuló aquellos hábitos e ideas que favorecían el comportamiento racional para alcanzar el éxito económico.

Así como evolucionó el capitalismo, en cuyo seno encontró lugar la reinterpretación de la Biblia, también el protestantismo cambió. Cuando hablamos de la Teología de la Prosperidad, entonces, nos referimos a una de las formas dominantes que asume el protestantismo en la era del capitalismo neoliberal.

El neoliberalismo es la época en la que se ha agudizado la concentración del capital, lo que implica una creciente masa de desplazados y marginados. Se trata de los que el cineasta argentino Fernando Pino Solanas llama “los nadie”, o los descartables, en su memorable documental La dignidad de los nadie de 2005.

Pero ese mismo neoliberalismo es el que permanentemente, día a día, hora a hora, minuto a minuto bombardea al individuo con las aspiraciones de la sociedad de consumo, las que pasan por la ropa de marca, el carro último modelo, los niños en el colegio más prestigioso… Por todos los símbolos que ostenta quien tiene el poder económico. Es el sentido de la vida trasladado al consumo que, sin embargo, pocos pueden realizar.

Solo en Dios, le dicen entonces las iglesias neopentecostales de la prosperidad, esa fuerza superior que todo lo puede, realizarás esas aspiraciones de consumo, de poder y de riqueza que el sentido neoliberal ha introyectado como sentido de la vida.Para eso hay que agradarlo, y ya que ahora padece de una enorme sed de riqueza y poder él mismo, hay que darle riqueza para que te lo devuelva con creces.

Dar, pues, con la abierta intención que se me devuelva lo que dará sentido a mi vida, aquello a lo que aspiro ser, aquello que antes se entendía como obstáculo para llegar a la vida eterna.

Las iglesias neopentecostales están repletas de pobres y clasemedieros que aspiran a ser lo que el capitalismo neoliberal les dicta. Llegan los domingos vestidos con sus mejores galas para aparentar lo que no son, pero quieren ser. Las megaiglesias de la prosperidad se transforman en lugares aspiracionales de quienes quieren fervientemente encontrarle sentido a la vida.

Son enormes maquinarias que juegan con las más sentidas necesidades espirituales de la gente. No tienen perdón de Dios.

Fuente: gazeta.gt


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