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Espejismo
Por Raúl de la Horra - Guatemala, 7 de mayo de 2005

“Compra hoy, Dios te ama, mañana serás feliz”.

Otra vez la travesía del desierto, la maldita travesía. La arena, el viento, la sed. Justo entre los intersticios de la urbe, en este enorme basurero denominado patria, país, ciudad: el desierto, de nuevo. En las pupilas, en la punta de los dedos, en la desolación que deseca el alma.

Caminar a contrapelo a través del tumulto de autos, edificios, comercios, rostros anonimantados que se agitan como ratas en el Gran Supermercado.

Huir de las aves carroñeras con sus garras hipnóticas, escapar del embrutecimiento masificado, rumiar el polvo y el asco en pos de los jardines presentidos en algún cruce, en el brillo de una mirada, en el titubeo de un gesto. Ir tras el manantial, tras los sueños, tras el frescor de una piel, de unos labios, de una promesa.

Evitar penosamente las alcantarillas, las pestilencias enlatadas, la felicidad a plazos: “Compra hoy, Dios te ama, mañana serás feliz”, sucedáneos inútiles contra el tedio. Eludir las cloacas publicitarias sorteando con torpeza las doctrinas redentoras, los senos de silicona, el Viagra y las tarjetas de crédito, antes de llegar a la última duna, previo al encuentro.

Entonces, con los brazos abiertos, cegado de impaciencia, arañando el horizonte en el desamparo de los pies rendidos, haciendo oídos sordos de las ambulancias y radiopatrullas que escupen su grito de desesperanza, con la vista clavada en el camino sin huella, sofocado y jadeante, me precipito a las añoranzas líquidas que me envolverán entero, alcanzo el oasis donde se funden todos los temores, todas las ilusiones y todos los posibles, y estampo en tu boca -ahora mismo- el beso de la palabra jamás dicha, de la palabra incendiaria e impronunciable, de la palabra final.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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